En el prólogo de “Rebelión en la granja”, George Orwell escribía una frase digna de ser cincelada en el mármol: “si la libertad significa algo será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Cuando la leí por primera vez, pensé que tal frase podría ser un magnífico lema vital; y, siempre consideré siguiendo a Orwell que la misión de todo el que escribe no es halagar a nadie, sino desnudarse y más bien aguijonear al lector, incomodarlo, llegando incluso a molestar por escribir sobre cuestiones espinosas o sobre asuntos controvertidos. Hoy ya sé que esto es una empresa inútil y quimérica; y que, como todas las empresas inútiles y quiméricas, solo engendra a la postre melancolía. Esta melancolía se eleva exponencialmente cuando esa libertad, es manifestada en la redes sociales, pues al descubrir las ideas uno se convierte en blanco de los demás.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Los enemigos del español vienen de largo

El imperialismo académico anglosajón, es una gran amenaza para el hispanismo aunque no se quiera reconocer: las lenguas son como la tecnología… Y una tecnología hablada por 600 millones de personas es la mayor amenaza para el imperialismo inglés que pretende imponer su tecnología frente a cualquier otra. Esto no es ninguna simpleza, pues la tecnología utiliza el lenguaje como herramienta principal. Es por eso que el imperialismo académico inglés ha hecho todo lo posible por igualar a Shakespeare con Cervantes. La enciclopedia británica no ha sido modificada desde 1788; en uno de sus párrafos dice:

Shakespeare es en un sentido amplio reconocido como el más grande escritor de todos los tiempos (Claro, reconocido por ellos). Figura única en la historia de la literatura (Bueno, unicas, en literatura, son todas las figuras, pues cada una desempeña valores propios). La fama de otros poetas, tales como Homero (Nada menos que el fundador de la literatura, que antes de él solo había libros sagrados) y Dante; o novelistas como Miguel de Cervantes, León Toltói, o Charles Dickens, han transcendido las barreras nacionales, pero ninguno de ellos ha llegado a alcanzar la representación de Shakespeare, cuyas obras, hoy, se leen y representan con mayor frecuencia y en más países que nunca. La profecía de uno de sus grandes contemporáneos Ben Jonson, se ha cumplido: “Shakespeare no pertenece a ninguna época, sino a la eternidad”.

Parece que el principal fundamento de la enciclopedia británica es: Shakespeare es fundamental. Los demás, han rebasado las fronteras nacionales. Esto lo ha sostenido hasta un vendedor de “bestsellers” como es Harold Bloom: es ridículo, una vergüenza. ¡Ya se podía actualizar la enciclopedia británica!

El objetivo británico es buscar entre sus letras algún autor que comparar a Cervantes, para contrarrestar esa obra escrita en español, ¡cómo es posible!, esa obra que se titula El Quijote. De la misma manera, se preguntan que cómo es posible que los españoles hayan llegado a América antes que los británicos. Toda esta lucha subyace en el fondo de esta polémica, mientras los españoles permanecemos callados; aún hoy día el Instituto Cervantes permanece callado.

Buscando emparejar a Shakespeare con Cervantes los ingleses han querido hacer coincidir el día de la muerte de ambos. Cervantes muere el 22 de abril de 1616, Shakespeare también según ha quedado establecido. Pero no es cierto: en la Inglaterra de 1616 se usa el calendario juliano. Conforme al calendario gregoriano usado en España, Shakespeare, muere el 3 de mayo. Los ingleses utilizan el calendario establecido por Julio César en el año 46 antes de nuestra era, que no mide con precisión el paso del tiempo. España usa el calendario gregoriano desde 1582. (En el calendario juliano, cada 128 años hay un desfase de un día, mientras el gregoriano ese mismo desfase se produce cada 3.030 años. Los ingleses no lo adoptan porque su capacidad tecnológica no les permitió identificar el desfase horario).

El calendario gregoriano se construye en la Universidad de Salamanca en 1515, donde unos investigadores de esta universidad apreciaron el error del calendario juliano. Afirmaron que el calendario más preciso es aquel que establezca los bisiestos cada cuatro años, excepto los años múltiplos de cien y los divisibles por cuatrocientos. Esta propuesta se lleva a la Iglesia quien no lo acepta, pero en 1578 se vuelve a llevar y el Papa Gregorio XIII lo establece en su bula “Inter gravissimas”.

Inter gravissimas es el nombre de una bula papal dictada por el Papa Gregorio XIII el 24 de febrero de 1582. Este documento reformó el calendario juliano y creó las bases de un nuevo calendario, llamado a partir de entonces «calendario gregoriano», que es ahora el que se usa ampliamente en todo el mundo.

El calendario gregoriano se establece primero en España, después en Portugal, y más tarde en Italia. En Inglaterra no se adoptaría hasta 1752, ciento setenta años después que en España.

Así pues, la literatura no es una construcción inocente, y ese artificio de hacer coincidir las muertes de Cervantes y Shakespeare, abre una puerta siniestra ante una representación de la literatura española sin capacidad de reacción ante esta política.

Por otro lado los mismos ingleses dudan de la paternidad de numerosas obras atribuidas a Shakespeare. Nos consta que de la 44 obras firmadas por él, con seguridad absoluta 17 de ellas, o no son de Shakespeare o las hizo en colaboración con otros autores, o participó en ellas solo de manera parcial. Cuestión que se ha intentado preservar para que nadie ponga en duda la supremacía de este autor. Los investigadores de Oxford han afirmado que Marlowe es coautor de numerosas obras de Shakespeare.

Con esta visión la simetría entre Cervantes y Shakespeare es totalmente falaz y desde el punto de vista crítico inaceptable. Shakespeare no puede compararse con Cervantes, si sostenemos que Shakespeare es el resultado del imperialismo académico del mundo anglosajón, cuestión claramente evidente.

Si Shakespeare hubiera nacido en Madascarcar, jamás hubiera formado parte del canon occidental, pero es que si hubiera sido búlgaro, tampoco. Es decir, es necesario formar parte de un imperio, para que las fuerzas políticas de la sociedad en la cual se inscribe el autor, puedan formar parte de esa referencia. Si Shakespeare no hubiera sido inglés o no hubiera escrito en inglés, de ninguna manera, un imperio depredador como el inglés, lo hubiera colocado a la altura de Cervantes.

Si además tenemos en cuenta que España nunca hizo nada o hizo muy poco por poner a Cervantes en el canon occidental, sino que eso lo hicieron precisamente los enemigos tradicionales de España: Francia e Inglaterra. Ese mismo hecho es un detalle destacable de la valía de Cervantes: que hayan sido los enemigos históricos de España los que hayan reconocido su obra, lo que no se le reconoció en España. Algo similar le ocurrió a Mozard, que fue enterrado en una fosa común. Y hubo muchos casos más. Así pues, no se puede identificar acríticamente a Cervantes con Shakespeare, porque no son iguales.

Además de esto, que viene de largo, ahora tenemos enemigos declarados en nuestra misma casa. En nuestro mismo gobierno, añadiría... Continuará.


Ref: Basado en la Crítica de la Razón Literaria del Materialismo Filosófico de G. Bueno; Mooc uvigo al que me ha llevado la "pandemia". Ese es el origen, pero, personalmente, le he puesto toda la subjetividad que he podido, a las ideas que, radicando en esos textos, he retorcido a mi entender, con discutible pensamiento crítico.

4 comentarios:

  1. https://elpais.com/opinion/2020-12-05/la-lengua-oculta.html

    ResponderEliminar
  2. Lo pego, para que se vea directamente. Gracias Belmont
    La lengua oculta. Marío Vargas Llosa.
    Cuál fue el aporte principal de España a Hispanoamérica, cuando la descubrió y conquistó? A esta pregunta los creyentes responden que la Iglesia católica, Cristo, la verdadera religión. Los evangélicos, tan numerosos ahora en el nuevo continente, aunque discrepando algo, probablemente terminarían aceptando esta respuesta. Los no creyentes, como el que esto escribe, responderíamos que, sin la menor duda, ese aporte principal ha sido la lengua, el castellano o español que reemplazó a las mil quinientas (que algunos lingüistas extienden hasta cuatro o cinco mil) lenguas, dialectos y vocabularios que hablaban en América del Sur las tribus, pueblos e imperios. Como no se entendían, vivieron muchos siglos entregados al pasatiempo de entrematarse.


    Murieron por la espada y la pólvora muchos indios y buen número de españoles en aquellos siglos convulsos, en que España llenó América de iglesias, ciudades, conventos, universidades y doctrineros, y en el que millares de familias españolas se avecindaron en las nuevas tierras, donde han dejado larga descendencia. Muchos latinoamericanos nos sentimos orgullosos de ser herederos de esos humildes españoles, analfabetos muchos de ellos, que provenían de todos los pueblecitos de la península.
    El español prendió muy pronto en todas partes, unificando culturalmente de un extremo a otro el nuevo continente, y esa lengua ha tenido desde entonces la suerte —sin que gobierno alguno la impulsara, entre la desidia general de todas las autoridades—, por su dinamismo interno, la claridad y sencillez de sus formas y de su conjugación, así como por su vocación de universalidad, de irse expandiendo por el mundo hasta ser hablada hoy en día en los cinco continentes por unos seiscientos millones de personas y de tener en un solo país, los Estados Unidos de América, donde es la segunda lengua viva, cerca de cincuenta millones de hispanohablantes.

    Una lengua no es sólo un medio de comunicación; es una cultura, una historia, una literatura, unas creencias y experiencias acumuladas, que fueron impregnando las palabras que la componen y llenándolas de ideas, de imágenes, de costumbres, y, por supuesto, de logros científicos. La implantación del español nos trajo a los hispanoamericanos Grecia y Roma, Cervantes, Shakespeare, Molière, Goethe, Dante, y las instituciones que a lo largo de su trayectoria crearon Europa Occidental. Ahora son tan nuestras como de España. Y en buena hora. Lo más importante de todo aquello son las instituciones que determinaron el progreso y la modernidad, así como la filosofía que permitió acabar con la esclavitud, que determinó la igualdad entre las razas y las clases, los derechos humanos y, en nuestros días, la lucha contra la discriminación de la mujer. En otras palabras, la democracia y el apetito de libertad que la hace posible. Todo eso lo adquirió América Latina, y mucho más, al adoptar y hacer suya la lengua castellana. No se explicarían, sin ella, ni el Inca Garcilaso de la Vega ni sor Juana Inés de la Cruz. Ni, por supuesto, Sarmiento, Rubén Darío, Borges, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Cortázar, Neruda, César Vallejo, García Márquez y tantos otros grandes poetas y prosistas hispanoamericanos que han enriquecido el español.

    ResponderEliminar
  3. Sin embargo, contrariamente a lo que sería natural, el regocijo y el orgullo de un país cuyo idioma ha ido adquiriendo con el correr de los siglos una universalidad que sólo tiene por delante al inglés, pues el mandarín y el hindi son demasiado complicados y locales para ser idiomas verdaderamente internacionales, en España misma, la tierra donde aquella lengua nació y evolucionó y heredó luego el mundo entero, como nos descubrieron entre otros el gran don Ramón Menéndez Pidal y sus discípulos, hay desde hace algún tiempo una campaña de parte de los independentistas y extremistas para rebajarla y disminuirla, cerrándole el paso y procurando (muy ingenuamente, claro está) abolirla o reemplazarla. Acaba de ocurrir una vez más, con la nueva ley de educación que ha aprobado, con un solo voto más del que necesitaba, el actual Gobierno del Partido Socialista y de Unidas Podemos, con el apoyo de Bildu, la continuación de ETA, la organización terrorista que asesinó a casi novecientas personas, y que ahora ha abandonado la lucha armada y se ha integrado a la legalidad. Y, por supuesto, de Esquerra Republicana, cuyos principales dirigentes han sido condenados por los tribunales españoles por convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña estando prohibidos de hacerlo explícitamente por la Constitución de 1978, vigente en la actualidad.

    ResponderEliminar
  4. La negociación que ha permitido esta alianza, sobre la que algunos socialistas discrepan, ha sido muy simple. El Gobierno de Pedro Sánchez necesitaba aprobar su proyecto de presupuestos en las Cortes. Para ello, Unidas Podemos atrajo los votos del Partido Nacionalista Vasco (el PNV), de Bildu y de Esquerra, y éstos, ni cortos ni perezosos, se apresuraron a concederlos siempre que el Gobierno aceptara modificar la ley suprimiendo el carácter “vehicular” del español que señala específicamente la Constitución. Esta es la razón por la que el castellano o la lengua española ha pasado a ser, según esta ley, una lengua oculta o clandestina. Quien lee dicha ley, llamada “la ley Celaá” por la ministra de Educación que la ha concebido, se queda sorprendido de que en un proyecto que establece las formas de la educación en todo el país, el español o castellano aparezca de solo pasada. El español, la lengua que nació en Castilla, cuando el país estaba semiocupado por los árabes y que se ha convertido en una lengua universal, ¿dónde está? Se trata de una lengua disminuida, silenciada, preterida ante lenguas locales que son habladas por minorías, y uno de los ministros del Gobierno ha tenido la audacia de decir que todo el escándalo que se ha suscitado al respecto se hubiera evitado si el español no hubiera estado “envenenando” el clima escolar en Cataluña, donde algunos colegios, que respetan las leyes, daban las horas de clases en castellano a que están obligados y que, en su mayoría, los colegios catalanes no respetan. La ley señala que las clases en español o castellano constituyen un derecho de todas las personas nacidas en España. ¿En cuántas comunidades autónomas bilingües se cumple esta disposición? Me temo que sólo en una minoría. Pues, aunque parezca imposible, la campaña contra el español en la tierra donde nació Cervantes sigue en marcha. Sería algo así como un verdadero suicidio que esta idiotez prosperara, no para el español o la lengua castellana, que tiene más que asegurado su futuro en el resto del mundo. Más bien, para España, a quien arrancarle la lengua sería arrancarle el alma. Es simplemente impensable que el país donde nacieron la lengua castellana, Quevedo y Góngora, además de cientos de escritores que le han dado prestigio y dimensión universal al español, éste sea objeto de una victoriosa campaña de discriminación. Ella no puede ni debe prosperar. Los hispanohablantes, que formamos una gigantesca mayoría en el país, debemos impedir este absurdo intento de minusvalorar y postergar el castellano frente a las lenguas periféricas. Firmemos los manifiestos que haga falta y salgamos a las calles cuantas veces sea necesario: el español es la lengua de España y nadie la va a enterrar.

    ResponderEliminar