En la lectura del Quijote se pueden identificar referencias puntuales que Cervantes hace de sí mismo. Dos de ellas son explícitas, donde su nombre aparece directamente en el mundo quijotesco; la tercera es más sutil: no lo menciona, pero su presencia se deja sentir para quien conoce su biografía.
La primera aparece en el Capítulo VI (1605). Es en el escrutinio que el cura y el barbero hicieron de la biblioteca de Cervantes. El barbero, librando La Galatea de la quema, dice:
-La "Galatea" de Miguel de Cervantes, -dijo el barbero-.
-Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.
-Que me place, -respondió el barbero-
La segunda se halla en el Capítulo XL (1605). Ocurre en el episodio del Capitán cautivo al aludir, en su historia, a un soldado español llamado Saavedra:
Sólo libró bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.
La tercera se encuentra en el Capítulo XLVII (1605), cuando el ventero entrega al cura unos papeles hallados en una maleta en la que, además, están las novelas de El curioso impertinente y Rinconete y Cortadillo:
El ventero se llegó al cura y le dio unos papeles, diciéndole que los había hallado en un aforro de la maleta donde se halló la Novela del curioso impertinente, y que, pues su dueño no había vuelto más por allí, que se los llevase todos; que, pues él no sabía leer, no los quería. El cura se lo agradeció, y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: "Novela de Rinconete y Cortadillo", por donde entendió ser alguna novela y coligió que, pues la del "Curioso impertinente" había sido buena, que también lo sería aquélla, pues podría ser fuesen todas de un mesmo autor; y así, la guardó, con prosupuesto de leerla cuando tuviese comodidad.
No se menciona nombre, pero es difícil no pensar en Cervantes. Aquel escritor que viajó de Esquivias a Sevilla en busca de un empleo público al servicio de la Real Hacienda, como comisario real de la Armada Invencible, también fue un hombre de caminos, papeles, maletas y escritos dispersos.
Me gusta pensar que Cervantes quiso dejar ahí un guiño íntimo a su propia travesía por España en 1587: un escritor errante, cargando manuscritos y esperanzas, escondido dentro de su propia novela.


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