La imagen es un dibujo de Ginés de Pasamonte o Ginesillo de Parapilla, como llama Cervantes a uno de los galeotes liberados (I, 22), quien después sería maese Pedro, en la aventura del mono adivino y el retablo de don Gaiferos y Melisendra. La crítica, mayoritariamente, piensa que este personaje está inspirado en Gerónimo de Pasmonte.
En anterior entrada de este blog “Dialéctica entre Quijotes” se destacaron algunas teorías con las que la crítica se posiciona sobre la autoría del Avellaneda: Antonio Márquez, habla de un grupo de personas, cercana a la Inquisición, dirigidas por Lope de Vega; Martín de Riquer que sugiere que detrás del apócrifo está Gerónimo de Pasamonte. En una de mis lecturas del libro infinito, me he detenido en uno de sus párrafos y me he preguntado por lo que Cervantes pensaba al respecto y sólo en Qujote de 1615 podemos leer pistas que a continuación enuncio.
Los prólogos son lo primero que se suele leer de una novela, pero todos sabemos que nos da norte de lo que nos vamos a encontrar y que es lo último que se escribe. Cervantes denunció en el prólogo del Ingenioso Caballero que Avellaneda había “fingido su patria”:
(…) y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad. (Quijote, Prólogo, 575)
Indicó clara y repetidamente por cuatro veces en el cuerpo de su novela que era aragonés: en el capítulo 59, don Quijote hojea la obra de Avellaneda recién publicada y dice de ella que su “lenguaje es aragonés”:
-En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos … (II, 59: 1032);
En el mismo capítulo el narrador dice que don Jerónimo y don Juan “verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés”:
Con esto se despidieron, y don Quijote y Sancho se retiraron a su aposento, dejando a don Juan y a don Jerónimo admirados de ver la mezcla que había hecho de su discreción y de su locura; y verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés. (II, 59: 1035)
En el capítulo 61, al ser reconocido en Barcelona, don Quijote afirma lo siguiente: “yo apostaré que han leído nuestra historia y aun la del aragonés recién impresa” (II, 61: 1052).
En el capítulo 70 uno de los diablos de la visión de Altisidora se refiere a “la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas”
Dijo un diablo a otro: ''Mirad qué libro es ése''. Y el diablo le respondió: ''Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas''. ''Quitádmele de ahí -respondió el otro diablo-, y metedle en los abismos del infierno: no le vean más mis ojos''. ''¿Tan malo es?'', respondió el otro. ''Tan malo -replicó el primero-, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara''. (II, 70: 1112).
Estas cuatro manifestaciones constituyen una afirmación reiterada a lo largo del texto que no es contradicha por ningún otro aspecto del mismo y evidencian sin lugar a dudas la seguridad de Cervantes sobre el origen aragonés del autor del Avellaneda. Por ello, quienes propongan un candidato no aragonés a la autoría de la obra apócrifa podrán aducir que Cervantes estaba equivocado, pero no podrán ignorar el convencimiento cervantino de que Avellaneda era aragonés».
¿Y a qué aragonés se refiere Cervantes? Pues sin lugar a duda al ya mencionado Gerónimo de Pasamonte, un compañero de armas de Cervantes que estuvo con él en Lepanto y también fue cautivo en Argel, con quien fraguó una virulenta enemistad personal. Pasamonte, además, era un ultra contra-reformista, así como un profundo admirador de Lope, lo que en nada contradice las principales teorías sobre quien escribió el Avellaneda, que resumiendo podríamos concluir que salió del entorno de la Inquisicición, que fueron varios los autores, entre los que estaba Pasamonte y que seguramente fueron supervisados por Lope, a la sazón, familiar de la Santa Inquisición.

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