“En mitad del cielo, una nube deja de moverse. Se distingue bien de las demás porque flota solitaria. Carece de contorno y es de un tono más pardusco. Se ha detenido sobre el cuerpo de un miliciano andaluz que yace bocarriba en el manto de nieve que cubre el valle. Solo destacan el rosa tibio de la piel del soldado desnudo y el púrpura de sus heridas, en especial el de la cicatriz del hombro, recuerdo de una batalla que no recuerda. El miliciano no está muerto, duerme con la boca abierta y los pies entre gladiolos."
La península de las casas vacías. David Uclés.
“Termino la lectura de El verano de Cervantes y de ordenar mis notas al mismo tiempo que termina julio, en pleno verano; veinte días después de recibir este hermoso regalo. Lo he alternado con Días de Reyes Magos, del que también he reunido algunos florilegios; también con La península de las casas vacías, que no sé si acabaré: le daré unas páginas más de cortesía, pero es que son tantos los que hay en cola, que sin remedio y a mi pesar tengo que elegir. Hasta ahora, unas treinta páginas, con ciertas limitaciones me ha recordado al Alfanhuí de Ferlosio y me ha parecido ver entre sus líneas un aire frívolo de realismo mágico... ¿Qué he dicho? Tras un receso es la escritura de esta página, en mi rincón favorito, me he leído unas cuantas páginas más y se me ha ido casi una hora sin darme cuenta: ahora puedo decir que sí, que seguiré con "Odisto" y la gente de "Jándula" hasta el final. Aún queda verano y la ironía, el ambiente mágico, incluso las opiniones de tinte programático me han despertado mi curiosidad.”
El párrafo anterior pertenece a otra página de este blog sobre El verano de Cervantes, en el que mostré mis dudas iniciales y mi afán posterior de lectura de La península de las casas vacías, donde domina, entre ficciones mágicas y un realismo trágico, como todo lo que concierne a la Guerra Civil, los “entierros de palmas o puños” que no son sino “venganzas sobre otras venganzas que ya eran venganza de otra anterior”. La empecé, tengo que reconocerlo, con "malas vibraciones"; me sumergí en ella con anhelo y podría decir que incluso con desvelo, pues, la primera lectura, solo duró unos días; y posteriormente he releído muchos párrafos que había anotado para consultar o como florilegios.
Es la historia total de la Guerra Civil española, entre bandos nombrados la manera unamuniana: los “hunos y los hotros”. De una Iberia -nombre tomado de la maravillosa utopía de Saramago*-, agonizante donde lo fantástico apuntala la crudeza de lo real. Hay nombres locales, como Jándula o Mágina, que ya están en las obras de Múñoz Molina y de Wenceslao Fernández Flórez parece tomar todo su bosque animado... También, a ratos, recordamos a Ferlosio o a García Márquez. Un totum revolutum, que con los cruces de los personajes de papel de la familia de Jándula, espejo de toda Ibería, que se entremezclan con personajes reales como Alberti, Lorca y Unamuno; Rodoreda, Zambrano y Kent; Hemingway, Orwell y Bernanos; Picasso y Mallo; Azaña y Foxá; donde lo épico y lo costumbrista se entrelazan para tejer un portentoso tapiz, poético y grotesco, bello y delirante.
La península de las casas vacías no es una novela de guerra, aunque narra los hechos que acontecieron durante la guerra. Es la historia de una familia que tuvo la desgracia de vivir dentro de este fraticida conflicto armado de extrema crudeza, circundado, por ideologías acérrimas, ignorancia, irracionalidad, miedos, injusticias.
Desde
luego, Gabriel García Márquez está presente, no sólo porque el
autor recurra al realismo mágico, tan emparentado con el medio
rural, sino que opta por el mismo inicio de “Crónica de una muerte
anunciada”, donde se cuenta el final y la almendra de la obra. Pero esa parte tan asombrósamente mágica de La península de las casas vacías está mas cerca de aquella fantasía de Las ciudades invisibles de Italo Calvino que de la magia de Cien años de soledad de García Márquez. Esos sí, cuenta con varios párrafos, tres o cuatro momentos de su lectura, que son verdaderamente mágicos, emocionantes, como lo es la historia del conflicto contada a través de una partida de ajedrez.
En lo tocante al realismo social de los cincuenta, Uclés hace unos curiosos guiños a Rafael Sánchez-Ferlosio, perteneciente a esa generación, y a su obra Industrias y andanzas de Alfanhuí. En algo me recuerda también a Por quién doblan las campanas, pero Hemingway supo equilibrar las referencias a las salvajadas de ambos bandos. Uclés lo intenta y creo que en la próxima tal vez lo consiga.
La capa mágica del relato no está del todo imbricada en la trama, la imitación interesa sobre todo por su lirismo; en ningún caso es un elemento activador del argumento. Pondré un ejemplo: en un momento determinado del entramado, descubrimos que en el pueblo la gente llora lágrimas de distinto color según la emoción. Esperamos que esto tenga un significado que se nos aclare más adelante, pero no volvemos a saber nada de ello y nada aporta al posterior desarrollo narrativo. Por otro lado, la capa realista es una novela más que aceptable sobre la tragedia de la guerra civil. Y todo ello tamizado por un narrador muy al estilo unamunesco de Niebla, que a veces parece perderse.
La novela no tiene un género definido. Esta novela es otra cosa. Es algo nuevo, algo aparte, algo de vanguardia, algo atrevido, en fin, es única. Parece escrita con aquella máxima cervantina de "a venga lo que viniere". Pienso que, dentro del realismo, roza varios géneros, en el que parece destacar el surrealismo abstracto, que trata, y coge los hechos reales, personajes históricos, realidad y ficción juntas, y los confina en un firmamento de hipérbole, aislados en un universo trágico lleno de lirismo.
El narrador es un personaje más, dentro del entramado de la narrativa, que se permite intervenir en tal y cual situación, entrevistar a los personajes. De igual manera los personajes lo interpelan a él. Les habla acerca de futuro, en algunos casos, decide cambiar ese futuro. Su voz es irónica, irreverente, burlona, en algunos casos, mordaz, cruel. Pero es un omnisciente con mucha sabiduría. Incorpora dos voces narrativas intrigantes, Eva y Ana, dos especies de oráculos que incide en hechos futuros o aclaran hechos pasados. Además, en algunas ocasiones nos indica la música idónea que nos recomienda escuchar para leer ciertos capítulos. Un narrador insolente que detiene la acción cuando le apetece para explicarnos los orígenes y parte del desarrollo de la Guerra Civil. Crea un mundo mágico y onírico alrededor del pueblo de Jándula -un verdadero acierto, con sus sueños y milagros, historias circulares que empiezan y terminan en sí mismas y con toneladas de buena literatura- y luego llama a todas las localidades por su nombre real, lo que le aleja de García Márquez y Onetti o del gran narrador español de las últimas décadas, Luis Mateo Díez.
La narración comienza en el pueblo de Jándula, (Quesada, Jaén). Odisto, nuestro protagonista con toda su familia: María, su mujer, sus siete hijos: José, Ángeles, Pablito, Martina, Gonzalo, Josito, Mariángeles. También están los abuelos maternos y los paternos, tíos y tías, sobrinos y sobrinas, desde allí, su pueblo natal, nos introducirán en un mundo, familiar de solidaridad de cooperación, de cariño, como también en un mundo tenebroso, hostil que empañó toda la Iberia de entonces. Pero para nuestro bien, él, Odisto el patriarca con su pasividad, ingenuidad y fortaleza se convertirá en un rayo de luz en la nefasta oscuridad.
El narrador divide la trama en varios segmentos que disminuyen la ferocidad de lo narrado, por una parte, la historia de Odisto Arlodento y su numerosa familia. Por la otra: la barbarie, el sadismo y la destrucción. La metamorfosis del alma humana. De cómo la crispación entre los unos contra los otros nos llevó donde nos llevó. Cabe aquí hacerse una pregunta cervantina, ¿sabemos quiénes somos?, sí, pero... y ¿sabemos quiénes podemos llegar a ser?
Así pues, retornáremos al pasado, a ese pasado, a esa guerra fratricida que conmovió y movilizó al mundo. Esa que creíamos extinta, superada. Esa que pensábamos que el horror del conflicto de antaño, nos habían dejado una enseñanza inolvidable, imborrable. Pero ... volviendo al presente, ¿hemos aprendido algo del pasado?
Espero que este joven escritor continúe escribiendo. Estoy seguro de que nos dejará buenas obras porque tiene madera de narrador. Eso sí, con más personajes ficticios como Odisto y su extraña y fantástica familia: relatos ficticios que bien pudieran ser reales, y no tanto de personajes reales a los que toda novela hace ficticios.
* Fernando Pessoa ya lo dijo: «construyamos en nosotros Iberia. Un día, Iberia será». Y también António Lobo Antunes, quien se lamentaba de «que no seamos el mismo país todos los ibéricos». Hay quienes dicen que la creación de Iberia vendría únicamente bien a España, que arrastra una mayor escisión traumática en su población; si bien, Portugal se beneficiaría tanto como España de la unión. En palabras de José Saramago, en Lusitania, la región que sería Portugal en Iberia, «no se dejaría de hablar, pensar y sentir en portugués. No seríamos gobernados por españoles, habría representantes de los partidos de ambos países en el Parlamento único con todas las fuerzas políticas de Iberia».
Pues eso. Un día, Iberia será.

Confieso que no le aguanté más de una decena de páginas. Me pareció un ejercicio frívolo y plagiario perpetrado por un pijoprogre sin pedigree, meritorio, que escribía además de manera harto limitada. Pero basta con leer tu crítica positiva para, fiándome de tu acrisolado buen criterio, darle otra oportunidad. Finalmente, tras el fiasco del último Planeta, se confirma que los premios rara vez hacen honor a su supuesta calidad literaria. Se verá...
ResponderEliminarYa sabes lo difícil que es recomendar un texto. Tú no has fallado nunca cuando me lo has hecho, pero no te fíes mucho de mí. También, en esta entrada, no lo dudes, también hay un poco del "double coding" del que habló Eco. Es algo más amable que la ironía, porque me produce cierta duda, pero por ahí va la cosa... En el fondo es, además, darle protagonismo al lector frente al autor.
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