En el prólogo de “Rebelión en la granja”, George Orwell escribía una frase digna de ser cincelada en el mármol: “si la libertad significa algo será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Cuando la leí por primera vez, pensé que tal frase podría ser un magnífico lema vital; y, siempre consideré siguiendo a Orwell que la misión de todo el que escribe no es halagar a nadie, sino desnudarse y más bien aguijonear al lector, incomodarlo, llegando incluso a molestar por escribir sobre cuestiones espinosas o sobre asuntos controvertidos. Hoy ya sé que esto es una empresa inútil y quimérica; y que, como todas las empresas inútiles y quiméricas, solo engendra a la postre melancolía. Esta melancolía se eleva exponencialmente cuando esa libertad, es manifestada en la redes sociales, pues al descubrir las ideas uno se convierte en blanco de los demás. Este sitio no desea molestar a nadie, pero, el autor, está libre de cortapisas al exponer su opinión.

domingo, 30 de marzo de 2014

Harugos: dos recetas de nuestra infancia


Harugos rebozados como los hacía Mama Rogelia

Ingredientes:
Habas tiernas con vaina
Tempura
Aceite de girasol

Aclaramos los términos:
Los harugos, término usado en algunos pueblos de La Alpujarra, son las habas jóvenes, muy tiernas que se comen con su vaina.
La tempura se hace con harina y agua. Es como una gacheta en la que, momentos antes de echarlos a la sarten, emborrizamos los harugos. El truco para que salgan bien es que el agua esté muy fría por lo que es conveniente tenerla un par de horas en el frigorífico,

Modo de hacerlo:
Los harugos se cuecen ligeramente en agua sal para que no estén muy blandos y se ponen en un chino que suelten el agua.
Se hace la tempura y se pone una sartén con abundande aceite.
Se van emborrizando los harugos con la tempura y friendo por tandas. Se pueden hacer con aceite de oliva pero están algo más pesados.



Harugos cocidos en ensalada a estilo de la Tata

Ingredientes:
Habas tiernas con vaina
Huevos cocidos
Cebolleta
Bacalao desmigao
Aceite de oliva

Preparación:
Se cuecen bien en agua con sal, se trocean y se dejan enfriar.
Se ponen en una fuente y se les añade los huevos cortados en trozos, la cebolleta picada, y el bacalao desmigado. Se aliña con aceite de oliva.


La tía Rogelia dice que también podemos comerlas en sobreusa, que es una salsa muy de nuestro pueblo parecida al ajoarriero, con almendras, ajo, pan frito y unas gotas de vinagre.

Otra variante, más sencilla y muy rica, es picarles solo cebolleta y aliñarlos con aceite y vinagre.

sábado, 1 de marzo de 2014

Viajar para conocer

Más que en el juego o en la mesa, viajando es como conocemos a las personas: les vemos reaccionar ante los imprevistos, la incomodidad, el riesgo; vemos su curiosidad o su abulia ante las cosas. Conocemos así del carácter de nuestro compañero de viaje más verdades íntimas que en varios años de relación sedentaria, tranquila y amistosa.

Cuando te fuiste con Lucia, tan buenecita ella en lo cotidiano, de fin de semana a Cazorla, te sorprendió que acaparara durante horas el cuarto de baño, para salir al cabo dejando en la bañera un pantano de espuma con isletas de pelos y en el lavabo lunares verdes del licordelpolo con sabor a pino. Entonces dudaste de sus dientes blancos y de su fresco olor a naturaleza salvaje, y se desmoronó el mito de la bella aseada por culpa del cuarto de baño.

 

Quince años después unos dudosos concejales
Un verano decides ir con un chaval muy simpático, muy educado, amigo de un amigo tuyo, a pasar unos días de tus vacaciones en peregrinación por el Camino de Santiago. Te das cuanta que, tu amigo ya, porque en el viaje habéis intimidado y porque es muy buen tío, no te da un respiro, solo piensa en salir el primero cada mañana y en andar más que nadie, sin detenerse a mirar el paisaje, acaso una iglesia en el lugar de destino. Bajas desde Roncesvalles a Larrasoaña a carajo salio; enfilas Pamplona y te cuesta trabajo convencerle para tomar un café en Villaba y, de paso, saludar a Miguel, que tanto admiras; en Puente la Reina haces una excepción para tomar un tomate con sal asomado al río Arga, mientras te echas unas fotos con unos lugareños que se han acercado a ti al oír tu acento andaluz y que, entre dientes, critican a los aberzales, mostrándote su desacuerdo; y así pasas Estella, Los Arcos, Viana, Navarrete. Ves que le salen ampollas en los pies y las acepta como una bendición porque limpian sus pecados, pero al día siguiente no aminora la marcha, ¡quiere más yagas en sus pies para limpiar su alma! A ti te parece demasiado. Entonces te das cuenta que la limpieza de espíritu es importante, pero también lo es un buen plato de lentejas, unos pimientos riojanos y buen tinto de la zona. En esto que llegas a Logroño. Has pasado siete días de penitencia, pasando de largo por lugares maravillosos, apenas hablando con la gente con quien te cruzas. Enfilas el puente de piedra sobre el río Ebro en silencio, meditando. Te preguntas, también en silencio, si estas disfrutando. Como te conformas con poco te dices que no está mal, pero que de todo ha de haber en la viña del señor, y ¡con las viñas que has pasado estos días, la de caldos que te esperan!...Poco antes de llegar al puente ves un torreón de ladrillo, no sabes por qué te llama la atención, te fijas en él y lees “Bodegas Ijalba”. Esta es la mía, te dices para tus adentros. Le dices a tu amigo: espérame en el refugio, y si tardo déjame una nota en el libro. Entras en la bodega con la mochila y la concha. Sales, aún relamiéndote, con la mochila y la concha, satisfecho por haber roto la monotonía de la semana. El paladar aún te recuerda los caldos, aún ves su precioso aspecto, sus tonos rubí y cereza brillantes y luminosos; su aroma delicado pero bien marcado, añadirías que jóvenes pero de cierta edad, afrutados con fondo de especies; en la boca aún aprecias su excelente equilibrio, amplio, carnoso, sabroso, pleno, y de un posgusto prolongado, tanto, que después de sudar subiendo por la ciudad aún te dura. Te dices: en Ijalba descubrí el verdadero Camino, el que a mí me gusta llevar, el camino que yo quiero hacer, un poquito de esto y otro poquito de aquello. En los días siguientes, a veces, notas la falta de tu amigo que cada día está veinte kilómetros más lejos de ti según lees en el libro de los refugios. Sabes que ya no lo alcanzarás, ni siquiera se te ocurre intentarlo. Otros, con otras virtudes, te hacen compañía.

En primavera decides, con un grupo de amigos, daros un garbeo por los pueblos blancos. Descubres que Mariano, en la oficina el tío más campechano, se echa mano a la cartera y se convierte en un avaro que os obliga a dormir en los tugurios más infectos, y se transforma en un energúmeno autoritario. Hasta se niega a parar el coche cuando Manolo se lo pide porque le aprieta la vejiga. No quiere parar no vaya a ser que mientras tanto Joaquín, que tiene un saque impresionante, se pida un cubata o unos bollos rellenos, que lo mismo da, la cuestión es fastidiar, porque lo hace por eso. Entonces os dais cuenta que el bueno de Mariano es sólo un espejismo.

En el mismo viaje, a Rosa, muy lista pero algo latosa, todo le parece mal y no se priva en sus comentarios: "en este pueblo llevamos ya demasiado tiempo para lo que hay que ver; en el anterior no me dejasteis ver bien el altar mayor rococó; en el burro taxi desperdiciamos tiempo y dinero" (en esto coincide con Mariano); "lo del botellón de anoche ya no es propio de nuestra edad, sin contar con el follón que armasteis en el hotel; ¡ah! Y esta tarde me voy con Mariano que Jóse va a carajo salío por estas carreteras". Bueno, de Rosa esperabais algo así, ya la conocíais y así, como buenos amigos, la aceptáis, pero esto no quita que penséis que el viaje tal vez fuese mas tranquilo sin ella.

Y lo peor del viaje fue la discusión con “la parienta”. Por una nimiedad, aunque, para ti, reconoces que te pasaste tres pueblos. Después de tu reacción, que achacas a un momento de vulnerabilidad, ni siquiera te sientes con derecho a esperar nada de ella. Y ahora, ya de regreso, cuando lo piensas, no sabes qué argumento ofrecerle. Esperas que te llame, pero no sabes si lo hará, no las tienes todas contigo. Abatido te dices: “puede que ni siquiera sea digno de entre en mi casa”. Tú mismo te contestas: “pero una palabra suya bastará para sanarme…”

Tan bueno es esto de viajar para contemplar en toda su salsa las miserias y las grandezas del contrario/amigo, que es recomendable que todas las parejas, antes de convivir, se dieran un garbeito de prueba por las Rías Bajas y no sólo, sino también, para degustar el marisco. Y que digo yo de las parejas: también deberían hacerlo los futuros socios, los amigos de una peña de futbol, la asociación de la Casa de Cádiar, o los miembros del departamento de sociología de la EU de RRLL. Es un sistema espléndido para descubrir el lado interior de las personas. Sobre todo sería recomendable para los concejales de un pueblo mediano, como el mío: alguno del PP descubriría que le cae mejor el de IU, y alguno del PSOE se olvidaría del aparato y descubriría a las personas, y todos aprenderían de los lugares por donde pasan, porque está todo inventado. Es todo tan sencillo: la limpieza de Vitoria me gusta para mi pueblo y además no cuesta dinero, es cuestión de conciencia cívica y en mi pueblo de eso hay; en Burgos ven un ejército de jardineros salir por la mañana y todos los jardines preciosos, esto también me gustaría para mi pueblo pero como cuesta dinero sólo podemos tener dos jardines, pero bien cuidados; en un pueblo de Málaga ven que todas las casas tienen sus balcones llenos de flores, -esto quedaría bonito en nuestro pueblo dice un socialista- y resulta que el del PP está de acuerdo, y juntos se ponen a pensar en algo que incentive, siempre con poco dinero, a la gente para embellecer sus balcones. Y es que viajar abre los sentidos y hace más tolerantes a los ediles.

Viajar nos exhibe tal y como somos, delata nuestros sueños, manías y pavores, pero también nos instruye. Hay viajes diversos, como distintos somos los seres humanos. Y así, hay turistas frenéticos que se recorren La Alpujarra y sólo paran en Trevélez para comerse un plato alpujarreño y decir, frotándose las manos, ¡qué fresquito hace aquí!, y viajeros parsimoniosos que llegan y, como Brenan, se quedan aquí varios años. Los hay que vienen en busca de la ruina del verano pasado, a retomar una y otra vez el paisaje que conocen, a bañarse en el mismo río. Y los hay, por el contrario, aventureros y agitados, que hacen puentin sobre el río Dúrcal, luchan en la vía más difícil del Mont Blanc, o se lanzan en ala delta desde el albergue universitario. Hay quienes siempre buscan el mar, y otros, en cambio, se chiflan por las montañas o por atravesar el desierto en moto. O por las grandes ciudades. O por las ruinas árabes que paralizan la remodelación de un mercado en el centro de una ciudad. O por una montaña del valle del Trueba llenas de ovejitas y vacas lecheras. En definitiva, hay gente pató.

En el borde del mundo
A mi me gustan los lugares remotos y a menudo desolados en los que te sientes en el borde del mundo, en la frontera de tu inquietud. Tres pasos más y el abismo, pero lugares de los que vuelves reconfortado. No necesito marcharme lejos: en la junta de los ríos o en la sierra de Mecina puedo sentirme así. Puedo ir sólo, pero se me antoja, sé que es mejor acompañado y, sin rubor, mostrarme cual soy, solapar mi conciencia con mis actos reflejos, pegar mis sueños a la vigilia, observar a mis compañeros con ataduras más leves que de ordinario. Observarlos con la comprensión a que ese ambiente me predispone. Disfrutar de la compañía. Y, por supuesto, cuando viajo, me gusta detenerme a contemplar el paisaje; a echar un trago, despacio, cascaillo con un amigo. Me gusta aprehender las cosas que veo, para imaginar, para imitar, para trasladar lo bueno a mi casa. Copio, como copian para su pueblo los buenos concejales.
 
Del cinamomo al laurel, 81


sábado, 8 de febrero de 2014

Casualidades de la vida

 
 
 
“Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción.” CHESTERTON
 
 
 

¡Qué pequeño es el mundo!, ¿dónde vas tú por aquí?, ¡el mundo es un pañuelo!... El ver la idea del azar como centro de la vida es desolador y difícil de asumir, pero, la verdad, frases como estas repetimos todos a menudo. Podría añadir que sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. La rutina, lo que ocurre a diario, lo esperado, lo que se repite todos los días es mudo. Sólo la casualidad nos habla, y todos tratamos de leer en ella como leen las gitanas del Albaicín en las manos de los turistas incautos.

Sin embargo, todos, de alguna forma nos resistimos a admitir esta idea. Pero si nos detenemos un momento para reparar en la denostada idea de Darwin, al menos nos suscita una duda, y entonces nos parece que, los cambios, las mutaciones se producen de manera caprichosa, espontánea, por puro azar, y luego prosperan las que resultan más favorables, las que llegan a su hora, o las que, por llegar tarde, se encuentran con la horma de su zapato, y que podríamos llamar, de la misma manera, selección natural o selección antinatural (a veces no hay nada más antinatural que la naturaleza: pensad en la tormenta o el incendio que arrasa con todo lo que pilla por delante, ¿es eso natural?).

Si hacemos un viaje por nuestra propia vida, sospechamos que la realidad depende de la más extravagante casualidad: Fran, un joven alpujarreño de brillante futuro, vino al mundo porque a su madre, una burgalesa de vacaciones en Granada, la atracaron de madrugada a la salida de un bar de ambiente en "Piteranthony"; su padre, también alpujarreño, de presente y pasado cierto, en un acto de heroísmo, compasión o fascinación, socorrió a la burgalesa... Y allí empezó todo, todo eso que empieza de vez en cuando sin saber cómo ni por qué. Su madre, harta del frío y de la monotonía del Registro Civil, donde trabajaba, tal vez ya venía con intenciones de tirar el anzuelo en Granada ignorando que aquí cuando dice de apretar el frío, aprieta más que el Páramo de Masa. Pero a lo que vamos, ¿dónde estaría Fran si su madre esa semana hubiera viajado al Alentejo portugués?, ¿dónde si su padre, ese día, se hubiese quedado en casa preparando el examen de microbiología del día siguiente? Ahondando más aún, cuando, en aquel supremo acto de amor que sólo ellos conocen, pero que los demás damos por sentado, concibieron a Fran, si otro espermatozoide más espabilado se hubiera adelantado al encuentro del óvulo, ¿Fran seguiría siendo Fran?, ¿o sería otro?, ¿tal vez su hermano aunque se llamase Fran también?

Con la historia podríamos hacer juegos similares, que refuerzan la idea del azar: creo, lo he leído, que en su adolescencia Hitler quiso matricularse en la Academia de Arte de Viena. No pasó la prueba de ingreso porque era más zoquete que Tapies para las artes –y aquí decía el cronista que se quedaba corto, que sus cualidades, si se podían llamar así, iban por otro lado..., bueno lo de Tapies lo digo yo porque me apetece, porque solo los cobardes no arriesgan su reputación-, pero ¿qué hubiera sido de los judíos si aprueba el ingreso en la academia? No cabe duda: el azar habría sido otro.

En el marxismo podemos encontrar la negación del azar: las cosas suceden porque hay un caldo de cultivo que hay que crear y remover. Este, frente a las estructuras sociales no concede importancia al individuo, por lo que desde esta óptica, si no hubiera habido un Hitler, da igual, otro Führer parecido sería la cabeza del holocausto. Y es verdad que el origen del nazismo, además de en Hitler, está en la República de Weimar, en el tratado de Versalles, en la humillación de Alemania, en el miedo al comunismo... Pero si Hitler se hubiera dedicado a tocar el contrabajo en un cuarteto de cámara es evidente que otro gallo le habría cantado a los judíos.

Bin Laden, de joven pero ya forrado y sin revoluciones salvadoras que llevar a cabo aún, en la época de nuestra transición, visitó Marbella. Entró en los círculos hippies ya decadentes o tal vez en los yuppies emergentes, y en aquellas fiestas repletas de jamón, vino, porros y frenesí, se prendó de la vida marbellí y de una chica de Fuengirola a la que prometió los tesoros de las mil y una noche. Amalia Castro Ventura, que así se llamaba, se llama aún, plantó al árabe occidentalizado por aquellos días, y con unos amigos y unas pesetas heredadas y se marchó de viaje por Europa que era su ilusión de siempre. Así lo confesó Amalia en un documental de la Sexta, con la mirada perdida y unos surcos en su rostro, no exentos de sorpresa, por la transformación de su enamorado. Hablando de su vida dice que nunca ha pensado mucho las cosas, que todo lo ha hecho o le ha salido de carambola. Y añadió, “eso es lo terrible, que mi realidad es fruto de la carambola. Yo podría estar con él, de hecho estuve a punto, ¡qué hubiera sido de mí, si aquella noche no hubiera tomado el tren!”

Luis Aguirre, un oficial del ejército más poderoso del mundo, de padres mejicanos y abuelos alaveses, hombre curtido en mil batallas por esos mundos de Dios, de las que sólo salió con un rasguño en un brazo, y con el que me une cierta amistad, recientemente, ya retirado de su ajetreo castrense, tras pasar por Granada y recordar viejos tiempos con muchas latas de cerveza sobre la mesa, acompañado de su encantadora mujer, de origen turco, viajaron a Stambul, un deseo que ella tenía desde hace muchos años. Allí el azar los llevó a cambiar unos dólares en el banco HSBC a primera hora de la mañana del 20 de noviembre de 2003, justo cuando alguna mente manipulada creía haber decidido, él por sí sólo, inmolarse para combatir los intereses británicos, poniéndose un chaleco relleno con unos kilos de trilita.

Muchas personas admiran que alguien sea capaz de entregar su vida por una idea. Ven en el hecho un acto heroico. A mí sin embargo me repugnan estos kamikaces. Son un ejemplo de lo peor que podemos ser los hombres, porque no estan dispuestos a dar la vida por los demás, como dicen estos fanáticos, sino a quitársela y a quitárnosla a los demás. Muchos integristas cuando un hijo suyo, en su fanatismo, busca la gloria, para despedirlo, celebran una fiesta, después el chico, tan formal, se pone sus mejores galas para darle seriedad a ceremonia, se cuelga su mochila, y se va en busca de un lugar donde pueda armar la marimorena. Antes de iniciar el cebo tirando de una anilla que le cuelga a la mochila, se pasea junto a sus víctimas, junto a las víctimas que en breve lo serán con él, seguramente les mirará a los ojos y les dirigirá alguna palabra amable buscando su comprensión ante lo que ellos ignoran que va a suceder. Luis me dijo que todo parecía venir de un joven muy amable con el que antes había estado hablando en inglés. Así lo hacía el ángel de la muerte cuando buscaba a sus elegidos; así lo sigue haciendo. El mártir se va al paraíso y allí disfruta de setenta y dos vírgenes sólo para él –cómo se podrán creer ese cuento-. Sus padres celebran su heroísmo y, muchas veces, cobran una sustancial recompensa, que es lo de menos para ellos y así lo dicen. Por su ideal, por su patria están dispuestos a dar la vida de su otro hijo, de cuantos hijos les pida la causa. Así es en todas las causas regidas por el fanatismo

Luis tuvo suerte, no le pasó nada, sólo un poco de metralla en la cara, su ángel estuvo con él –me dijo-, incluso creo que se portó como un héroe con los heridos, pero su mujer, de su viaje tan deseado a la tierra de sus padres (pero que, como ella dice, podría haber sido en cualquier otro lugar), le queda un sabor amargo, una pierna menos y un cuerpo dolorido por la metralla, amen de unas largas vacaciones en los hospitales de Turquía primero y Chicago después.

Visto todo esto, sin duda, podemos decir que pocas veces controlamos lo que nos sucede; que, con demasiada frecuencia, a nuestra vida la rige la casualidad. Para zanjar la cuestión, podríamos repetir que hasta nuestro nacimiento fue una casualidad, que vivimos en función de una serie de leyes físico-químicas y que todos nos vamos a morir tarde o temprano. Todos, tú, tú y tú, y esto no lo impide ni lo cambia la religión, filosofía, creencias políticas, ni el ácido sulfúrico, el fútbol, la poesía o el arte. ¡Uf!, se me ha hinchado la vena nihilista...; más lo cierto es, que no es que tengamos un cuerpo, somos cuerpo, uno solo, el que nos ha tocado por la evolución de ese espermatozoide espabilado que cogió la delantera, y nada más: y eso del alma, trascendencia, misterio ontológico, ente superior y, mucho más el destino del que nos habla Cherteston, no son nada más que embustes llamados metafísica.



 

Texto inédito de: Del cinamomo al laurel. 58


Secreto de cerdo con salsa de champiñones



Ingredientes para cuatro personas:

700 g de secreto ibérico
300 g de champiñones
100 g de jamón serrano
200 ml de nata para cocinar
1 cebolla
2 dientes de ajo
Pimienta recién molida
Sal y aceite de oliva






Preparación:

Primero limpiamos bien los champiñones, que no queden restos de tierra. Fileteamos y reservamos. Cortamos también, los ajos, la cebolla y el jamón serrano, intentando hacerlo de la manera más fina.

La Salsa: Rehogamos en una sartén con aceite de oliva, la cebolla, los ajos y el jamón serrano. Incorporamos los champiñones cuando la cebolla empiece a transparentar. Removemos hasta que el champiñón se haga y pierda todo el agua. Cuando esté listo, añadimos la nata para cocinar y esperamos unos minutos a fuego lento, siempre removiendo, a que espese. Le echamos un poco de pimienta recién molida

Fileteamos la carne de tal manera que las piezas no sean muy gruesas. Con un cuchillo bien afilado raspamos horizontalmente sobre la pieza para quitarle las partes donde tenga mucha grasa y cortamos para conseguir filetes finos ideales para la plancha. Le ponemos un poco de pimienta y sal.

hacemos el secreto con la plancha caliente y un poco de aceite de oliva.

Presentación:

Emplatamos los filetes con la salsa al lado y le damos color con unos trozos de tomates o rabanillas. Si queremos hacer un plato único podemos acompañarlo con calabación rehogado al que le incorporamos unas lonchas de queso por encima y dejamos que se funda.

Nota: la salsa es verdaderamente rica

Bizcocho de Zanahoria de Antonio y borrachuelos de mi madre







Ingredientes:

5 huevos
1 sobre de levadura 
2 zanahorias
dos taza de harina
una taza y media de azúcar
media taza de aceite






Preparación

Rayar la zanahoria
Separar las yemas de las claras
Montar las claras a punto de nieve en un recipiente grande, se añade las yemas, la zanahoria rayada, la levadura, la harina, el azúcar y el aceite
Batir todo hasta que quede uniforme, sin grumos.
Poner en molde en horno a 190 entre 40 y 50 minutos.
Se sabe que esta cuando pinchas con un cuchillo y sale limpio.
Antes de meter en el horno se le puede añadir pasas, nueces ó nada. 
 
 

 BORRACHUELOS

Ingredientes.

2 huevos.

1/2 vaso de vino blanco.

70 ml de aceite de oliva.

2 cucharaditas de bicarbonato de las del café.

Un pizca de sal.

350 o 400gr de harina de trigo.

Una cuchardilla de matalauva

Azucar.

Aceite de oliva para freir.


Elaboracion.

En un bol ponemos los huevos, el vino y el aceite, una pizca de sal, la matalauva y batimos, vamos incorporando la harina junto con el bicarbonato y removiendo muy bien.

Cuando la masa no podamos utilizar las varillas, metemos las manos y añadiendo más harina vamos echando hasta que no se pegue en las manos, trabajamos muy bien la masa, hacemos una bola y dejamos reposar 30 minutos.

Ponemos una sartén con abundante aceite.

Preparamos un plato con azúcar y otro con papel de cocina.

Cogemos trozos de masa y vamos pasando con el rodillo y dejándola finita, cortamos trozos y vamos echando al aceite que esté a una temperatura media yo los hago en la vitrocerámica entre e 6 y 7.

Se fríen por un lado y cuando estén doraditos damos la vuelta, vamos sacando en el plato con papel de cocina y antes de que se enfríen los pasamos por azucar ¡Están muy ricos!

Receta muy antigua, como los hacía mi madre.

Cuscus de verduras




Ingredientes:
cuscus
garbanzos
carne (puede ser pollo, cordero o ternera)
zanahoria
calabacín
nabo
calabaza
cebolla
pasas
azúcar
canela




Preparación:

Por un lado se pone la carne con los garbanzos a cocer lentamente, hasta que esté bien tierno todo. Yo lo pongo con una pastilla de caldo de pollo, una hoja de laurel.

Por otro lado pongo las verduras en trozos grandes, como para poner un trozo en cada plato.La verdura que quede un poco entera. (yo lo pongo todo junto en una olla con un recipiente de rejilla, de forma que las verduras las pongo encima y se hacen al vapor. Se retiran antes que la carne y los garbanzos)

Ser corta cebolla en abundancia en juliana y se pone a cocer a fuego lento con las pasas, azúcar y canela al gusto (más bien generoso). Ha de consumir casi todo el agua.

Y por otro lado se hace el grano del cuscus (viene explicado en la caja).

Se sirve con el cuscus en el centro del plato. Encima la verdura, la carne,  los garbanzos y encima la cebolla con las pasas.

Se le puede añadir un poco del caldo de la carne y los garbanzos (ésto al gusto).

miércoles, 5 de febrero de 2014

Bacalao con zanahoria


Ingredientes para cuatro personas

1 trozo de baclao fresco por persona
400 gr. de zanahoria
400 gr. de cebolla
4 cucharadas de tomate frito
Pimienta negra molida
Harina (para el bacalao)
90 gramos de nata de cocinar(medio paquete de los pequeños)
2 cucharadas de mayonesa
1 calabacón pequeño
1 berengena pequeña



Preparación

Cubrimos el fondo de la bandeja del horno con el calabacín y la berengena hechas rodajas.
Freir ligramente el bacalao enharinado y lo ponemos en la bandeja del horno sobre la berengena y el calabacín.
En la misma sartén y con el ceite de freir el bacalao (será mucho, retiramos un poco), freímos la cebolla cortada fina y la zanahoria rallada.
Cuando veamos que la cebolla y la zanahoria están hechas le añadimos el tomate frito y la pimienta negra molida y freímos cinco minutos más.
Agregamos la nata, movemos para mezclar y apagamos el fuego. Añadimos la mahonesa y mezclamos bien.

Extendemos encima del bacalao la verdura sofrita.
Horneamos a 150º C durante una hora.

Presentación

Yo lo he servido con unas alcachofas salteadas.






miércoles, 18 de diciembre de 2013

Conejo como lo hace la tía Rogelia







Ingredientes
Ingredientes

Salsa de la tía Rogelia como para 8 raciones
1 conejo
1 vaso de vino de Cádiar
1 vaso de agua




Preparación

Se fríe el conejo hasta que esté doradito.
Se le añade el vino y lo tenemos hirviendo un rato para que pierda el alcohol
Le añadimos el vaso de agua y que hierva dos o tres minutos.
Le incorporamos la salsa y lo probamos por si hay que rectificarlo de sal. Lo dejamos hervir hasta que haya perdido casi toda el agua.

Tan sencillo y es el plato preferido de muchos de la familia para nochebuena.


Propiedades de la carne de conejo
Es un alimento magro, por lo que es bajo en grasas: 5,30 g. por 100 gramos.
Bajo en colesterol: 71,95 mg.
Rico en vitamina B12, aconsejado para el embarazo y lactancia materna.
Ayuda a personas con problemas estomacales, siendo una carne fácil de digerir.
Bajo contenido en sodio, recomendado a personas con hipertensión: 45 mg.
Elevado contenido en potasio: 350 mg.
Rico en proteínas de alto valor biológico: 10,35 gramos.
Bajo contenido calórico: 140 calorías por cada 100 gramos.

Salsa de almendras de la tía Rogelia

Ingredientes para cuatro platos
6 dientes de ajo
15 almendras
1 pimiento rojo
2 buenos trozos de pan
Aceite de oliva virgen extra
Sal, vinagre de vino y agua.


Preparación
Freímos los dientes de ajo y los ponemos en la batidora.
En el mismo aceite freímos las almendras y también las echamos a la batidora.
A continuación freímos el pan y el pimiento rojo que también van a parar a la batidora.
Al final le ponemos la sal, un chorreón de vinagre, y un poco de agua pero procurando que la masa salga bastante espesa.


La tía Rogelia, como lo hacía la abuela, la usa para numerosas y muy distintas comidas, como es el conejo, la sobrehusa, para acompañar verduras como los cardos o las alcachofas. Ella lo hacía en el mortero, pero esto ha quedado anticuado y es más laborioso; no le ponía agua, pero luego enjuagaba el mortero debajo del grifo para aprovechar bien el majado y el agua la echaba al guiso que estuviera haciendo.

Salmorejo

Ingrediente para cuatro personas
1 kg. de tomates maduros
1 trozo de pan del día anterior
1 diente de ajo
1 buen chorreón de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de vinagre de vino
1 poco de agua, como medio vaso.
Sal


Preparación
En el momento que decidimos que vamos a hacer el salmorejo, lavamos los tomates, los cortamos en trozos y los ponemos en el vaso de la batidora. Echamos el diente de ajo bien picado y el trozo de pan.
Encima ponemos, sin pasarnos y en este orden, el agua, la sal, el aceite, y el vinagre.
Lo tapamos con papel film y dejamos reposar en la nevera.
Cuando estemos terminando de hacer el resto de la comida, lo sacamos y lo trituramos bien.
Lo probamos y, si es necesario, lo rectificamos de sal, vinagre o aceite. Lo servimos, o lo volvemos a guardar en la nevera hasta su consumo.

Presentación
Lo presentamos en un bol con un trozo de huevo duro y otro de jamón de Trevélez encima. Le podemos añadir unas hebras de cebollino o unas hojas de menta, incluso las dos hierbas.












Propiedades del salmorejo
1. Antioxidantes que aportan los tomates y el aceite de oliva virgen extra.
2. Efecto vasodilatador que confiere el ajo.
3. Cardioprotector natural debido al aceite de oliva virgen extra.
4. Receta baja en calorías.
5. Mantiene las propiedades nutritivas intactas (vitaminas y minerales).
6. Plato muy refrescante. Reponer líquidos e iones como el sodio o el potasio.
7. Fuente de proteínas de alta calidad y vitaminas.
8. Aporte de hierro, proteínas y vitamina B12 al incorporar el jamón serrano.

El embrujo de Shanghai


“Ahora esta ciudad y los días que nacen en ella tienen una luz transitoria y un aire encalmado: dirías que el huracán de la vida pasa lejos de aquí, lejos de tu cama, y que te ha olvidado. Pero no es verdad. Porque inevitablemente y quieras que no, y con más saña y de forma más duradera que la enfermedad que ahora te aqueja, el mundo te contagiará su fiebre y su quimera y tendrás que aprender a vivir con ellas”.
Juan Marsé. El embrujo de Shanghai.

Encuentro un libro olvidado, no sé por qué, durante mucho tiempo en mi biblioteca. Un libro que tenía muchas ganas de leer, al que se le han adelantado otros por una colocación descuidada; un libro con película que no quise ver hasta después de haber leído el libro. “El embrujo de Shanghai”, de Juan Marsé.

Y ahora está en mis manos y yo decidido. Veo, también olvidada, la silla de playa entre los rosales, que no entienden de fechas, repletos de yemas. Es Navidad, y tengo ganas de olvidarme un poco de lo que sucede, y tengo tiempo de leer todas las mañanas bajo la parra recién podada y este suave sol de diciembre que se cree de octubre.

Abro el libro por fin, y me encuentro, nada más levantar la tapa, con su frase introductoria, una cita de Luis García Montero:

“La verdadera nostalgia, la más honda, no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro. Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro, quiero decir, nostalgia de aquellos días de fiesta cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio.”
 
Y, a pesar de Luís -del que no soy devoto- presiento que el libro será una maravilla, que me llama..., lo abro y huelo sus páginas -es casi ya una ceremonia en mí-. Y me acerco a los rosales con mi gorra parisina, atraído por Marsé y comienzo a leer embrujado ya por Shanghai, embrujado por el futuro que pudo ser. Aquel futuro tan optimista, aquel futuro que, entonces, estaba donde debía estar.
 
Comienzo: " Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos..."



viernes, 13 de diciembre de 2013

Inés y la alegría

Inés y la alegría, novela de Almudena Grandes, cuenta la historia de la invasión del Valle de Arán, que tuvo lugar entre el 19 y el 27 de octubre de 1944, por parte de un ejército de guerrilleros que se propusieron liberar a España, una asombrosa y quijotesca hazaña, tan grande, tan ambiciosa, tan importante como para poder aceptar sin estupor que sea, al mismo tiempo, tan desconocida. Si, una operación militar desconocida por la mayoría de los españoles porque fue la consigna que el gobierno de Franco impuso “si no se habla no ha existido”. No existió para las autoridades franquistas, pero tampoco para la dirección de PCE, ya que Jesús Monzón Reparaz, responsable político de la operación, se había hecho con las riendas de PC a base de talento y ambición, pero sin la autorización de Pasionaria y toda la cúpula del partido que estaban en el exilio dorado de Rusia.
Una novela irrefrenable, sobre mujeres y hombres que lucharon con convicción por recuperar su país, sobrevivieron luego en el exilio y regresaron, tras la muerte de Franco, a una España desconocida e indiferente con su modesta epopeya.

Inés y la alegría es el primero de los Episodios de una guerra interminable, un proyecto narrativo integrado por seis novelas independientes, que comparten un mismo espíritu y rinden homenaje a los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. A diferencia de estos, los Episodios de Almudena Grandes no aspiran a relatar grandes batallas, sino a reconstruir, desde la ficción, historias reales igual de heroicas, pero mucho más modestas, de la posguerra, los «momentos significativos» de la resistencia antifranquista. Añado, porque es necesario tenerlo en cuenta, que además de buena literatura, como todas las obras de Almudena, tiene un enfoque programático, por lo que la crítica pierde sustancia.

Personalmente es una de las novelas que más me ha gustado de Almudena Grandes, y he recordado unos pueblos por los que, en mi formación, en el año 74, sufrí, entre masías y palleses, una “supervivencias” que superé gracias a los guindos de la Seu y un buen trozo de tocino del pueblo oculto en el culo de la mochila. Es una novela donde la ficción envuelve a los personajes principales, que están insertados en un acontecimiento histórico en el que aparecen otros personajes secundarios tan reales como Pasionaria, Carrillo, Monzón, Carmen de Pedro, Agustín Zoroa, Francisco Antón… Almudena es una magnífica escritora que en su literatura programática no da "puntada sin hilo".

Es rigurosamente cierto que el 19 de octubre de 1944, cuatro mil hombres que formaban parte de un ejército, que habían combatido en Francia contra los nazis, cruzaron los Pirineos e invadieron el valle de Arán, así como otros cuatro mil habían ido pasando desde finales de septiembre por otros puntos de la frontera, en una maniobra de distracción que tuvo éxito. La biografía existente a la que he recurrido ahora es escasa, compleja y contradictoria: La invasión de los maquís, de Daniel Arasa; Hasta su total aniquilación, de Fernando Martínez de Baños; Derrotas y esperanzas, de Manuel Azcarate.
 
La operación estaba de antemano condenada al fracaso ya que es conocida la postura de indiferencia internacional. Todos conocemos, además de los acuerdos de Churchil con Stanly tras la derrota alemana, así como la frase del mandatario inglés ante los lideres europeos y Rooselvet: "Antes Franco que el comunismo".


Con posterioridad a esta entrada he conocido y charlado del tema con Eugenio Ledesma, un productor de televisión independiente, autor del famoso "Canal cocina", en el que tuve ocasión de participar en unos rodajes llevados a cabo en Jorairátar y Soportújar sobre cocina alpujarreña. El señor Ledesma entre otros trabajos realizó diesisiete capítulos sobre la invasión de Valle de Arán, que se emitieron en TV2 en la década de los 90 del pasado siglo, de  de los que ha tenido el gusto de enviarme sus grabaciones en cd, que para mi sorpresa acabo de recibir por Seur en un paquete que además contiene la siguiente nota: "Por tu colaboración, y sobre todo por aquellas conversaciones que disfrutamos sobre el la invasión del Valle de Arán en los descansos de aquellas grabaciones realizadas entre murmullos, que me dieron ciertos disgustos en aquellas mañanas trepidantes de trabajo y aromas sorprendentes, que se mezclaban procedentes unos de la cocina, otros del campo alpujarreño. Todo salió bien; creo que nunca vi una tierra con mejor luz. Gracias a todos por vuestra colaboración."



domingo, 8 de diciembre de 2013

Montón de langostinos, aguacate y granada


Langostinos, granada y aguacate
 

Ingredientes para cuatro personas 
12 langostinos muy frescos,
1 aguacate maduro,
½ granada grande,
1 lima,
4 cucharadas de AOVE, 
sal.

Preparación 
Comenzaremos pelando los langostinos y cortándolos en trozos pequeños y los ponemos en una taza. 
Rallamos y exprimimos la lima. Agregamos el zumo y el aceite de oliva a la taza y revolvemos para hacer una marinada.
Dejamos macerar durante media hora como mínimo.

En una fuente desgranamos la granada.
En un plato picamos el aguacate en dados pequeños y lo añadimos a la fuente con la granada. 
Incorporamos los langostinos y salamos.

Presentación
Emplatamos utilizando un aro o molde.
Espolvoreamos por encima la rayadura de la lima.







Sopa fría de judías blancas con caviar de tomate


Sopa fría de judias, muy nutritivo


Ingredientes para 4 personas.
1 bote de judías cocidas
1 vaso de agua
1 aguacate
1 cebolleta
1 diente de ajo
unos cuantos granos de pimienta negra
1 tomate, cebollino, aceite de oliva y sal

Preparación
Se lavan bajo el grifo las judías y se ponen en la batidora. Añadimos el agua, el aguacate, la cebolleta, el ajo, la pimienta, la sal y un chorreón de aceite. Se tritura bien, debiendo quedar como una crema.
Lo metemos al frigorífico para que se enfríe.

Picamos el tomate sin la piel en daditos muy pequeños. (es lo que vamos a usar como el caviar).

Presentación
Se sirve en un bol, tazón o plato pequeño hondo.
En el centro se le echan dos cucharadas de tomate a cada plato.
Encima, repartido, se pica un poco de cebollino.
Se decora con unas gotas o hilos de aceite.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Bacalao con mango y gulas


En plato único: con triángulo de ensaladilla y berengenas



Ingredientes  para 4 comensales
 4 lomos de bacalao desalao, 1 mango, 1 paquete de gulas, 3 dientes de ajo, 1 guindilla, pimienta negra, sal, dos nueces en trozos pequeños y AOVE.

Elaboración
El mango se pela y corta en láminas finas (para cortarlo bien debe estar maduro pero firme). En una sartén con un poco de aceite lo doramos ligeramente, sólo que tome un poco de color. 

En otra sartén amplia con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, freímos los lomos de bacalao a fuego fuerte, con la piel hacia abajo. Cuando la piel esté crujiente le damos la vuelta y bajamos el fuego a la mitad de potencia  hasta que veamos que está bien hecho y ligeramente dorado. Salpimentamos. 

Pelamos y laminamos los ajos y los doramos en otra sartén con la guindilla picada  y las nueces troceadas en un poco de aceite de oliva. Cuando empiecen a tomar color agregamos las gulas. Rehogamos un par de minutos y las retiramos.

Presentación
Se presenta con el mango encima de los lomos de bacalao y esparciendo las gulas con los ajos y los frutos secos por encima del mango.