No hay libro de autoayuda que le iguale y lleva 411 años en plena actualidad.
Le
Clézio. “Si don Quijote permanece vivo entre nosotros, que
hemos nacido en una época tan lejana, es porque nos seguimos
pareciendo a él, en todos nuestros excesos, nuestras locuras y
nuestra ridiculez.”
La novela es un antídoto contra esos idealismos desmedidos que conducen a las personas sin remisión al fracaso; niega con rotundidad los absolutos, advirtiéndonos que cualquier causa, por justa que sea, se vuelve peligrosa tan pronto como la defiende un fanático; nos revela que somos las personas quienes tenemos que solucionar nuestros propios problemas, sin dejarlas en manos de otros, obrando con dignidad, esfuerzo y sin miedo a equivocarnos. Para todo ello es básico conocernos y tener en cuenta nuestra circunstancia.
Estas ideas generales podemos extraerlas de una lectura reposada, mas también encontraremos conceptos mucho más concretos y no menos importantes, como:
Nunca
sentirse víctima
Esta
idea de la victimización se
sostiene en que el individuo es sobre todo producto de fuerzas
externas, sin capacidad de disponer.
Frente a este clima, don
Quijote fracasa en casi todas sus empresas, pero nunca se
instala en la queja. No se define por lo que sufre, sino por cómo
responde.
La
dignidad de saberse libre
Desde
sus primeras aventuras, el hidalgo insiste en afirmar: “Yo sé
quién soy.” Esa frase, aparentemente simple, encierra el núcleo
de la dignidad humana. Don Quijote no se deja determinar por las
burlas ni por las derrotas. Su identidad no depende de los juicios
ajenos, sino de su fidelidad a un ideal.
En
el capítulo LVIII del libro de 1615, dirigiéndose a Sancho,
declara: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones
que a los hombres dieron los cielos…”.
La
libertad no es solo un derecho, sino también un riesgo: quien actúa
con libertad debe estar dispuesto a equivocarse. Cervantes nos
recuerda que la dignidad consiste en asumir responsabilidad incluso
en medio del fracaso, mientras que la victimización convierte al
sujeto en prisionero de su herida.
En
este sentido, Borges vio en el Quijote una afirmación de la libertad
interior. En una conferencia de 1955 declaró: “Cada hombre es
dos hombres, y el verdadero es el que se atreve a soñar. Don Quijote
es ese hombre.” Para Borges, la locura del hidalgo no era una
enfermedad, sino un modo de mantener la dignidad frente a la
mediocridad del mundo.
Acción
frente a la pasividad
El
Quijote no permanece en la contemplación ni en la queja. Actúa.
Cuando libera a los galeotes, lo hace porque cree que ningún hombre
merece la esclavitud. Su decisión es imprudente y termina mal, pero
revela una enseñanza: más vale errar actuando con sentido de
justicia que paralizarse esperando compasión.
En
esta línea, el filósofo Américo Castro vio en Cervantes “un
esfuerzo por mostrar que la vida se hace y rehace constantemente en
el riesgo de la acción”. La queja, en cambio, petrifica. El
Quijote, aunque derrotado, es dinámico; el victimismo, aunque
cómodo, es estéril.
Borges
coincidía con esta visión de la acción como esencia del caballero:
“La derrota tiene una dignidad que la victoria ignora.” Esa
frase, repetida en entrevistas, sintetiza el valor que otorgaba a don
Quijote como héroe que actúa aun sabiendo que perderá.
El
poder pedagógico de la risa
La
risa ocupa un lugar central en la obra. Nos reímos de don Quijote,
pero esa risa nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. No hay burla
cruel en Cervantes, sino ironía liberadora. Al ridiculizar los
excesos del caballero, el autor enseña al lector a relativizar sus
propias pretensiones y heridas.
Unamuno
lo expresó con fuerza en Vida
de Don Quijote y Sancho:
“El
caballero nos enseña que la derrota solo es verdadera si nos
resignamos a ella.” La risa, entonces, no hunde al protagonista: lo
eleva. Su fracaso repetido se convierte en una lección de
resiliencia. Quien sabe reírse de sí mismo desactiva el veneno del
resentimiento y
se adapta a la circustancia.
La
derrota como escuela
En
el universo de Cervantes, el fracaso es parte inevitable de la
condición humana. Pero lo decisivo no es la caída, sino la manera
de levantarse. Don Quijote encarna esta pedagogía: su vida es una
cadena de tropiezos, y sin embargo cada tropiezo abre un nuevo
camino.
Cuando
afirma que “el andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a
los hombres discretos”, señala que la madurez nace del contacto
con la realidad, incluso con sus golpes. A diferencia de la
mentalidad victimista, que transforma el dolor en identidad,
Cervantes muestra que el dolor puede transformarse en sabiduría.
Ideal
y realidad
La
pareja que forman don Quijote y Sancho Panza es quizá la enseñanza
más clara de la novela. El caballero representa el ideal, la
aspiración a lo noble y lo justo; Sancho, el realismo del sentido
común. No son enemigos, sino complementos. El ideal sin realidad se
convierte en locura; la realidad sin ideal se reduce a rutina.
Cuando
Sancho gobierna la Ínsula Barataria, pone a prueba lo aprendido de
su amo. Allí descubre que el poder requiere discernimiento y
justicia, no solo astucia. Así, Cervantes enseña que los ideales
inspiran, pero necesitan de la realidad para no volverse delirio.
Sobre
esa tensión entre sueño y realidad, Borges escribió en Otras
inquisiciones (1952): “En Don Quijote hay dos
hombres: el que lee novelas y el que las vive; Cervantes los
reconcilió en un solo ser.” Para Borges, esta fusión explica por
qué la novela es más que sátira: es el drama de todo ser humano
entre lo que imagina y lo que enfrenta.
Añade
Borges en Magias parciales del Quijote (incluido en Otras
inquisiciones, 1952);
“Cervantes
ha narrado la historia de un hombre que lee hasta perder el juicio y
que cree ser
los héroes de sus libros. Tal vez no haya aventura más
significativa que la de este lector que se sabe parte de lo leído y
que acaba siendo escrito por lo que lee.
El
Quijote nos muestra que toda lectura verdadera nos transforma; al
soñarse caballero, Alonso Quijano se convierte en don Quijote, y ese
tránsito lo hace más real que su propia cordura.”
Justicia
sin resentimiento
El
caballero conoce la injusticia en carne propia: es engañado,
apaleado, estafado. Pero no convierte esa injusticia en
resentimiento. Busca justicia, no venganza. El resentimiento
convierte la herida en identidad; la justicia la convierte en ocasión
de restaurar un orden más alto.
La
frase cervantina lo resume: “La verdad adelgaza y no quiebra, y
siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua” (II,
10: 643). El hombre puede ser herido, pero si permanece fiel a la
verdad, su dignidad no se quiebra. La víctima resentida se esclaviza
a su dolor; el caballero justo lo trasciende.
El
gobierno de uno mismo
Más
allá de las aventuras externas, el gran proyecto del Quijote
es interior: aprender a gobernarse a sí mismo. Ortega y Gasset lo
interpretó así en Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y
mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.” El
hombre no puede escapar de su circunstancia, pero sí puede decidir
cómo responder a ella.
El
victimismo reduce al sujeto a producto de lo externo. Cervantes
propone lo contrario: salvar la circunstancia mediante la acción
libre y responsable. Gobernarse a sí mismo es el mayor triunfo del
caballero.
Lecciones
para
guardar
Identidad
interior: no dejar que otros definan quién eres.
Acción
justa: hacer lo correcto, aunque no garantice éxito.
Humor
y humildad: reírse de los propios fracasos para no vivir encadenado
a ellos.
Fracaso
fértil: transformar la derrota en aprendizaje.
Equilibrio:
mantener el ideal quijotesco sin perder el realismo de Sancho.
Justicia
superior: buscar el bien, no la venganza.
Gobierno
interior: asumir responsabilidad en vez de delegarla a las
circunstancias.
Don
Quijote es mucho más que una sátira de los libros de
caballería. Es una reflexión sobre lo humano frente al dolor y la
injusticia. Cervantes muestra que, aunque la vida esté llena de
molinos disfrazados de gigantes, el hombre puede vivir con libertad,
humor y fidelidad a sus principios.
En
tiempos donde el victimismo se convierte en identidad, Cervantes
nos recuerda que la dignidad se ejerce en la acción, que la justicia
vale más que el resentimiento y que incluso la derrota puede ser
semilla de esperanza.
Ideas sacadas de del libro infinito y algunas lecturas críticas recopiladas en mis "Florilegios".