En el
poema "Vencidos" León
Felipe se
identifica con don Quijote y evoca
su
figura simbolizando la derrota y el desamparo. El poeta se reconoce
en
el caballero, cargado de amargura, y anhela unirse a él en su viaje.
A través de sencillez y repetición, se expresa la esperanza en
medio de la desilusión.
Vencidos...
Por
la manchega llanura
se
vuelve a ver la figura
de
Don Quijote pasar...
Y
ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y
va ocioso el caballero sin peto y sin espaldar… (5)
va
cargado de amargura...
que
allá encontró sepultura
su
amoroso batallar...
Va
cargado de amargura...
que
allá “quedó su ventura” (10)
en
playa de Barcino, frente al mar...
Por
la manchega llanura
se
vuelve a ver la figura
de
Don Quijote pasar...
va
cargado de amargura… (15)
va,
vencido, el caballero de retorno a su lugar.
Cuántas
veces, Don Quijote, por esa misma llanura
en
horas de desaliento así te miro pasar...
y
cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y
llévame a tu lugar; (20)
hazme
un sitio en tu montura,
caballero
derrotado,
hazme
un sitio en tu montura,
que
yo también voy cargado
de
amargura (25)
y
no puedo batallar.
Ponme
a la grupa contigo,
caballero
del honor,
ponme
a la grupa contigo
y
llévame a ser contigo (30)
pastor...
Por
la manchega llanura
se
vuelve a ver la figura
de
Don Quijote pasar...
León
Felipe: Versos
y oraciones del caminante.
Libro
Primero, V. Madrid,
El
poema “Vencidos”, al que Joan Manuel Serrat puso música e
incluyó como cierre de su LP “Mediterráneo”, no
puede ser considerado, como algunos
lo han hecho, una
alegoría de la derrota, el desamparo, el desasosiego y la amargura
que supone
el
exilio tras la Guerra Civil, precisamente porque se publica en 1920;
si bien el deslizamiento de la significación de sus versos, a la
vista de los acontecimientos históricos posteriores, le confiere un
profundo sentido, tanto más cuanto que el poeta León Felipe, en
lucha continua contra las adversidades de la vida, se identifica con
ese “caballero
del honor”
(verso 21: “hazme
un sitio en tu montura”)
que simboliza el hidalgo manchego. Es muy posible que esta
composición tuviera sus antecedentes en poemas escritos durante su
permanencia en la cárcel de Santander, en donde una lectura reposada
de El
Quijote
caló
muy hondo en su personalidad. El “amoroso
batallar”
(verso 8) de Don Quijote “encontró
sepultura”
(verso 7), en efecto, “en
la playa de Barcino
(Barcelona),
frente
al mar”
(versículo 11), en donde es derrotado por el Caballero de la Blanca
Luna -que no es otro que el bachiller Sansón Carrasco-. Este afirma
que su dama es más hermosa que Dulcinea del Toboso, arrogancia que
Don Quijote no puede tolerar, por lo que acepta batirse con él en
combate, “ya que no ha habido ni puede haber belleza que con la
suya comparar se pueda”. Una vez vencido, Don Quijote ha de aceptar
las condiciones del desafío en el caso de que él fuera el
derrotado: dejar la andante caballería y volver a su lugar de origen
para vivir en paz, incluso
morir como dijo el héroe cuando vio acercarse la lanza del socarrón
Carrasco a su celada y
como un susurro conminarle a confesar que su señora es más bella
que Dulcinea:
“Aprieta,
caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la
honra”.
Cervantes relata este
episodio,
de tanta trascendencia para el desenlace de su obra, en el capítulo
LXIV de la Segunda Parte de El
Quijote.
La
referencia de los versos 10-11 del poema de León Felipe (que allá
“quedó
su ventura” / en la playa de Barcino, frente al mar...)
remite al comienzo del capítulo LXVI de la Segunda Parte de El
Quijote, cuando
se despide el caballero de Barcelona y mira al lugar donde había
caído y dice: “¡Aquí fue Troya, aquí mi desdicha y no mi
cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna
conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron mis
hazañas; aquí,
finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!”
Una
nueva referencia a la obra cervantina contienen los versos 30-31,
cuando León Felipe afirma: “y
llévame a ser contigo / pastor...”.
La decisión de Don Quijote de hacerse pastor la relata Cervantes al
final
del
capítulo LXVII de la Segunda Parte de El
Quijote.
Al
no poder seguir imitando el modelo de vida de los héroes de la
novela caballeresca, el hidalgo manchego opta por convertirse en uno
de esos idealizados pastores que consagró literariamente la novela
pastoril renacentista.
Un
sentimiento de soledad y derrota -consecuencia de sus múltiples
vicisitudes en la vida- le lleva a León Felipe a identificarse con
ese otro gran derrotado que no conocía el desaliento hasta que el
Caballero de la Blanca Luna dio al traste con sus nobles ideales; y
de ahí el título del poema: “Vencidos”;
un título en el que se resume la amargura de quienes han sido
derrotados en sus más elevados anhelos vitales. Con todo, el poema
de León Felipe, como la obra cervantina, deja vislumbrar la
esperanza: el poeta, aun cargado de amargura y sin poder batallar
-como tampoco puede proseguir con su “amoroso
batallar”
el indiscutible “caballero
del honor”-,
en sus más bajas horas de desaliento le pide a don
Quijote un sitio en su montura, para seguir adelante: “ponme a la
grupa contigo / y llévame a ser contigo / pastor…” (versos
29-31), quizás
recordando aquella
frase llena de esperanza (Quijote
II, 3; 600), de don Quijote: “Aún hay sol en las bardas”, que
Martín de Riquer interpreta como, “Aún tenemos tiempo par hacer
algo”, a la León Felipe se sumaría recordado la máxima
aurisecular, “Por mí que no quede”.
Todo
el poema es ejemplo de sencillez: sencillez léxica -con vocablos
usuales que logran crear un cierto clima de “confidencialidad” en
la expresión; sencillez sintáctica -sin apenas engarces
subordinativos que dificulten la pausada y sostenida andadura de los
versos-; sencillez métrica -con predominio de versos
fundamentalmente octosílabos y rima consonante que no responde a
esquemas preestablecidos, agrupados en caprichosas combinaciones
estróficas-; y, por fin, sencillez estilística -que ha rehuido los
retóricos procedimientos literarios en busca de una expresión
austera y desnuda. Y no es ajena a esta simplicidad de recursos el
ritmo derivado de las continuas repeticiones -muchas de ellas
construcciones anafóricas de gran relevancia expresiva- que le
confieren al poema una profunda trabazón interna: por tres veces se
repiten, en diferentes partes del poema y a modo de estribillo, tres
versos octosílabos, con rima (aab):
“Por
la manchega llanura / se vuelve a ver la figura / de don Quijote
pasar...”
(versos 1-3, 12-14 y 32-34); y el verso, referido a don
Quijote, “va
cargado de amargura”,
también se repite tres veces (6, 9, 15), y reaparece con gran
intensidad cuando el poeta aplica su contenido a su propia persona:
“que
yo también voy cargado / de amargura”
(versos 24-25). Otras repeticiones siguen marcando el lento avance
del poema que, por momentos, desborda emotividad: “Hazme
un sitio en tu montura”
(segundo octosílabo de los dos que componen el verso 19, que es
hexadecasílabo; y versos 21 y 23); “ponme
a la grupa contigo (versos
27 y 29); hasta concluir con la repetición de la estrofa inicial que
remite al título “Vencidos”:
“Por
la manchega llanura / se vuelve a ver la figura / de don Quijote
pasar”;
un don
Quijote “vencido”
(verso 14), un “caballero
derrotado”
(verso 22); pero, a fin de cuentas, un “caballero
del honor”
(verso 28) en quien el poeta cifra todas sus “esperanzas de
salvación” en los momentos difíciles.