Artículo de Francisco Cuaresma.
En
los últimos años, los historiadores Miguel
Caballero y Pilar Góngora han
aportado una serie de datos muy importantes para conocer y entender
toda la trama que rodeó el asesinato del poeta granadino. Datos
desconocidos durante muchos años sin los que no se puede construir
el puzzle de lo ocurrido en agosto de 1936. No deja de ser
sorprendente que hasta hace unos pocos años no se hayan descubierto
estos datos, pues sobre Lorca se han escrito ríos de tintas durante
décadas. Y no es menos sorprendente que una vez descubierto estos
nuevos datos, se orillen de manera intencionada a la hora de hablar
de la muerte del poeta. Choca esto bastante con ese presunto interés
de determinados investigadores e historiadores por la figura de
Lorca.
Con
este artículo no se pretende hacer utilización política de la
figura de Lorca; simplemente se van a detallar una serie de
circunstancias que rodearon su muerte y que se han pasado por alto
durante estos años para no destruir el mito del poeta
de izquierdas.
El
último viaje a Granada
La
noche del 13 de julio de 1936,
el día del asesinado de Calvo Sotelo, Federico García Lorca cogería
el que sería su último tren con destino a Granada, donde sería
asesinado apenas un mes después. Aquella noche quedó sellado el
destino del poeta, pero lo cierto es que la trama de su muerte había
empezado a tejerse muchos años atrás.
Habría
que trasladarse incluso 50 años antes de aquella fatídica noche
veraniega de 1936 para conocer la verdad sobre la muerte del poeta,
fruto de los enfrentamientos entre las tres familias más poderosas
de la Vega de Granada: Los
García Rodríguez, familia del padre del poeta; Los Roldán, primos
del poeta, y los Alba.
La
familia de Federico, desde finales del siglo XIX, era una de las más
poderosas de la zona, contando con grandes extensiones de terreno e
importantes negocios. En esa época, las tres familias se casan entre
ellas para aumentar su poder económico y social, llegando por ello a
ser primos en la época de la guerra. El padre del poeta era un
verdadero tiburón para los negocios.
A
principios del siglo XX, empezaron a proliferar en la Vega de Granada
los negocios de remolacha azucarera. García Rodríguez, el padre de
Lorca, se convierte en 1904 en accionista de la azucarera Nueva
Rosario. Los Roldán harían exactamente lo mismo en el año 1909,
convirtiéndose en accionistas de una nueva fábrica que se creó con
el nombre de San Pascual. En ese momento, García Rodríguez compra
todas las tierras que rodean la fábrica de los Roldán para
evitar su expansión. Años más tarde, en 1931, Federico García
Rodríguez presenta una denuncia por contaminación de las aguas del
río y logra paralizar la producción de San Pascual, consiguiendo
así que toda la venta de remolacha vaya a parar a la fábrica de
Nueva Rosario, de la que él era accionista. Aquello provocó un
enfado enorme entre los Roldán.
Ambas
familias parecían perseguirse: donde está una, termina estando la
otra. Hay muchísimas coincidencias en el espacio físico y temporal
que provocan roces. Podríamos afirmar que la vida de ambas familias
eran paralelas. La rivalidad entre ambas familias llega a unos
extremos ridículos, hasta el punto de que los Roldán se mudaron a
Granada capital después de haberlo hecho la familia del poeta.
En
1918, Alejandro
Roldán Benavides,
miembro del partido conservador Acción Popular, se presentó como
concejal al ayuntamiento de Granada por el distrito de San Idelfonso.
La comisión provincial encargada de velar por el normal desarrollo
de los comicios, anuló los resultados de las elecciones en aquel
distrito, ya que quedó demostrado que un grupo de personas armadas
entró en el colegio electoral y manipuló los votos a favor de
Alejandro Roldán. Federico
García Rodríguez, que era concejal por el partido liberal de Maura,
formaba parte de aquella comisión, votando a favor de anular el
resultado de las elecciones. Uno de los tres votos contrarios a
anular los comicios fue el del abogado Juan
Luis Trescastro,
miembro del partido Acción Popular. Desde entonces, Trescastro sería
una persona muy cercana a los Roldán.
Otra
de las coincidencias de ambas familias tiene lugar en la universidad.
Federico y Francisco García Lorca estudiaron derecho en la
universidad de Granada, al igual que su primo Horacio Roldán (hijo
de Alejandro). Profesor
de todos ellos fue Fernando de los Ríos,
que en un futuro sería ministro de la Segunda República. En el año
1922 se graduarían Francisco y Horacio, haciéndolo Federico un año
después. A Horacio Roldán le calificaron el examen final con un
simple aprobado, mientras que a Francisco García Lorca le otorgaron
un sobresaliente. Con los años, Miguel
Caballero y Pilar Góngora han
analizado los expedientes de los 2 alumnos y han llegado a la
conclusión de que el sobresaliente de Francisco fue exagerado,
mientras que el aprobado de Horacio fue menor de la nota que
realmente merecía. Además, al parecer, el padre de García Lorca
intervino para que aprobasen la carrera a su hijo Federico, ya que el
poeta no era precisamente buen estudiante. Todo ello haría aumentar
el sentimiento de inquina de los Roldán hacia la familia de García
Lorca.
El
gobernador civil
tras el 18 de julio fue José
Valdés,
siendo el principal responsable de las detenciones y la represión
posterior. Valdés era vecino de Horacio Roldán, teniendo una
relación fluida con la familia rival de Lorca.
Otra
figura importante en todo este entramado fue la del capitán
Antonio Fernández Sánchez,
número dos del gobernador militar Valdés y hombre de su máxima
confianza. Horacio
Roldán, enemigo declarado de los García Lorca, estaba casado con su
hermana. Por
ello, los Roldán, enemigos de la familia García, mantenían una
estrecha relación con Valdés, jefe militar de los sublevados en la
provincia de Granada.
A
mediados de 1936, García Lorca culmina su afamada obra La
casa de Bernarda Alba,
un drama basado en la «sexualidad andaluza». La famosa obra del
poeta fue publicada justo antes del estallido de la guerra civil y
trataba sobre la vida de Francisca Alba, matriarca de la familia, y
sus hijas. En la obra no se dejaba en buen lugar a los Alba, familia
cercana a los Roldán. Fue la gota que colmó el vaso.
El
poeta tuvo la osadía de dar a los protagonistas de la obra los
mismos nombres que tenían los miembros de la familia en la vida
real. Al parecer, la madre del poeta y su hermano Francisco pidieron
al autor de Yerma
que
cambiase los nombres de los personajes. Federico se negó. Este hecho
provocó un gran enfado tanto en la familia Alba como en los Roldán.
Eran dos familias muy cercanas, que habían estrechado uniones
matrimoniales entre miembros de ambos clanes. Debido a las uniones
matrimoniales que durante años se habían producido entre los García
Rodríguez, los Roldán y los Alba, José
Benavides (Pepe el romano en la obra) era tío de Horacio Roldán.
El
día 9 de agosto, se produce en la huerta de San Vicente un registro
por parte de las autoridades y algunos civiles que le acompañaban.
En
ese grupo se encontraban los hermanos Roldán y José Benavides,
que inspiraba el personaje de ‘Pepe el Romano’ en la obra ‘La
Casa de Bernarda Alba’.
Lorca,
al ver que su vida estaba en peligro, abandonó la casa familiar para
mudarse temporalmente a la casa de su amigo Luis
Rosales, poeta afiliado a Falange y
miembro de una familia formada por importantes ‘camisas viejas’
de Falange. Tanto él como su familia creyeron que en casa de unos
‘camisas viejas’ de Falange su vida no correría peligro. Allí
se alojó desde el 9 de agosto hasta el 16, día de su detención.
La
denuncia
El
hombre que denunció a García Lorca fue Ramón Ruiz Alonso,
afiliado durante muchos años al partido Acción Popular y diputado
de la CEDA entre 1933 y 1936. Un dato curioso sobre este personaje es
que era el padre de la famosa actriz Emma Penella. Ruiz Alonso fue
tipógrafo del periódico El Ideal de Granada, del que eran
importantes accionistas los Roldán. Además, Ruiz Alonso y Roldán
mantenían cierta amistad porque los dos habían sido compañeros en
Acción Popular. Por otra parte, hace unos años, los historiadores
Miguel Caballero y Pilar Góngora pudieron comprobar que Juan Luis
Trescastro era padrino de una de las hijas de Ruiz Alonso. Es decir,
uno de los enemigos acérrimos de la familia del poeta tenía una
relación estrecha con el hombre que denunció a Lorca.
¿Qué
llevó a Ruiz Alonso a poner la denuncia? Además de su relación de
amistad con enemigos declarados del poeta, era un hombre que tenía
cierto resentimiento porque había perdido su escaño por Granada en
las elecciones de 1936. De alguna manera quería hacer carrera
política en el nuevo régimen que se vislumbraba. Y qué mejor
manera que cobrarse una pieza como García Lorca. Por otra parte,
Ruiz Alonso había tenido algunas desavenencias anteriormente con la
familia Rosales, la familia de falangistas que tenía oculto a Lorca.
Todo ello sin olvidar la rivalidad que existió durante los años 30
entre la CEDA y la Falange.
El
día 16 de agosto, se produjo la detención de García Lorca. Los que
encabezaban el tropel eran Ramón
Ruiz Alonso y Juan Luis Trescastro. Ambos
eran muy amigos y al mismo tiempo tenían una estrecha relación con
los Roldán.
Finalmente,
el poeta fue fusilado la madrugada del 18 de agosto entre las
localidades de Víznar y Alfacar. Entre
los que formaban del escuadrón de fusilamiento se encontraba Juan
Luis Trescastro,
que fue el que iría presumiendo por las tabernas de Granada de
haberle dado a Lorca «tres tiros en el culo por maricón». El
hombre que durante tantos años había sido rival de su padre vería
en directo la muerte del autor de Bodas
de sangre.
Como
se puede ver, todos los enemigos de la familia García Lorca estaban
relacionados entre sí. Y a su vez todos ellos tenían una relación
fluida con los responsables del golpe de Estado en la provincia de
Granada.
Todos
los datos enumerados hasta ahora han sido conocidos gracias a las
investigaciones de Miguel Caballero y Pilar Góngora,
dos historiadores apasionados del mundo lorquiano que han dedicado
muchos años de su vida a investigar la obra, vida y muerte del
poeta.
Con
todos los datos anteriormente expuestos cae por sí solo el discurso
simplista y sesgado de que Lorca murió exclusivamente por causas
políticas. Tuvieron más peso en su muerte los enfrentamientos con
los Roldán-Alba que cualquier otra circunstancia.
La
verdad sobre la muerte de Federico García Lorca (II)
Una
vez narrados los datos aportados por Caballero y Góngora, voy a
enumerar una serie de datos igualmente fríos y objetivos que han
sido de sobra conocidos durante décadas pero que siempre se han
orillado a la hora de hablar de la muerte del poeta.
Durante
años, se ha hablado en inmensidad de ocasiones sobre las amistades
de Lorca con políticos y escritores de izquierdas, ocultando su
amistad con destacados líderes derechistas. Es cierto que el poeta
se movía en círculos sociales y culturales de tendencia
izquierdista, pero no es menos cierto que García Lorca tenía
grandes amigos en la derecha. Probablemente la mayoría de los que
están leyendo este artículo desconozcan la
gran amistad que unía a Lorca con Alfonso García-Valdecasas, uno de
los fundadores de Falange.
A él le dedicó Thamar
y Amón,
uno de los poemas del Romancero
Gitano.
También
tenía una buena
amistad con Alfonso Ponce de León, miembro
destacado de Falange. Ponce de León, pintor vanguardista, llegó a
ser jefe de Propaganda y Prensa de Falange. A petición de Lorca, fue
el escenógrafo y figurinista de La Barraca, la compañía teatral
creada por el poeta andaluz. Ponce de León fue detenido por unos
milicianos izquierdistas en la puerta de su domicilio, apareciendo su
cadáver unos días después en una cuneta. Ambos amigos fueron
víctimas de esa inmensa capacidad del ser humano para el horror.
José
Bello,
fallecido en 2008 a la edad de 104 años, coincidió
con García Lorca en la residencia de estudiantes,
donde ambos entablaron buena amistad. En una entrevista realizada en
2006, Bello aseguró que Lorca «era el hombre más apolítico del
mundo». Según Bello, Lorca no era «ni de derechas ni de
izquierdas», pero en caso de decantarse por alguna tendencia, el
poeta lo haría por la derecha, ya que su padre era uno de los
grandes terratenientes de Granada.
También
hay historiadores que afirman que el poeta granadino mantenía una
relación de amistad con José
Antonio Primo de Rivera.
Otros lo niegan tajantemente porque no existen pruebas fehacientes de
esa amistad. El testimonio principal en el que se basa esta supuesta
amistad es el del poeta Gabriel Celaya, de ideología comunista, que
afirmó que Lorca y el fundador de Falange eran amigos y se veían
todos los viernes. Lo cierto es que la gran mayoría de
investigadores que han indagado en el universo Lorca han omitido toda
referencia a esta posible amistad, posiblemente para no destruir el
mito de poeta de izquierdas y antifascista.
En
cuanto al asesinato por su condición sexual, puede que hubiese algo
de eso, pero desde luego no fue la causa fundamental. La homofobia
era un sentimiento relativamente frecuente en la España de la época,
también entre las personas de izquierdas. Pero en caso de influir en
la muerte del autor de Yerma,
desde luego no fue una de las razones fundamentales.
No
fueron pocos los homosexuales que vieron proliferar sus carreras
durante el franquismo. Sin ir más lejos, Emilio
Aladrén, quien fue compañero sentimental de Lorca y considerado su
gran amor,
descubrió el éxito como escultor en los primeros años del
franquismo. Hasta su muerte, triunfó haciendo bustos a diversos
dirigentes del régimen. Otro de los romances de Lorca fue el famoso
pintor Salvador
Dalí. El
máximo representante del surrealismo no ocultó nunca sus simpatías
por el franquismo, etapa en la que cosechó innumerables éxitos.
Rafael
de León,
poeta y compositor, fue otro conocido de García Lorca. Abiertamente
homosexual, estuvo en la cárcel durante la guerra civil en el bando
republicano por sus ideas derechistas y monárquicas. Durante toda la
dictadura franquista vivió las mieles del éxito, convirtiéndose en
un primer espada de la canción española y maestro de grandísimas
tonadilleras y cantantes de copla.
El
compromiso político de Lorca
Respecto
al tan cacareado compromiso político de Lorca, él rechazaba todo lo
relacionado con la política, como dejó de manifiesto en alguna
entrevista. Nunca se podrá ver una reivindicación partidista en sus
versos. Tampoco participó en mítines políticos ni pidió el voto
para ninguna formación, como sí lo hizo el también poeta Rafael
Alberti. En una entrevista llegó a afirmar: «Soy católico,
comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico; soy
hombre del mundo y hermano de todos…». Realmente eso era Lorca: un
poco de todos y de nadie al mismo tiempo.
Por
otra parte, no tiene sentido que a un hombre al que se le atribuyen
tan firmes convicciones ideológicas no tomase partido de forma
decidida en unos momentos de gran tensión y polarización política
como eran los meses previos a la guerra. Además, una vez estalló el
conflicto bélico, nunca intentó huir de Granada hacia el bando
republicano.
Con
este artículo tampoco pretendo lanzar la idea de que Lorca era
hombre de derechas, pues no hay pruebas para afirmar tal cosa. Lo que
sí es cierto es que su padre era un gran terrateniente y afiliado al
partido liberal de Maura, por el que fue concejal en el ayuntamiento
de Granada.
 |
| Diario "La Razón". Viñeta que alude a la idea política de Lorca. |
Fuese
cual fuese la causa de su muerte, lo cierto es que Lorca
fue víctima —una de muchas— de aquel tsunami que partió España
en dos y
que dejó tantas heridas entre compatriotas. Una tragedia que
permitió que salieran a flote muchos odios larvados durante años y
que muchos aprovecharon para saldar deudas y resarcir odios del
pasado. En muchas ocasiones no se ondearon banderas políticas, sino
las del odio, miedo y el resentimiento. Aquellas heridas
permanecieron abiertas durante décadas, costando otras tantas que
cicatrizaran. Por ello, ningún político debería jugar al
irresponsable juego de desenterrar odios pasados por pura estrategia
electoral.
En
el caso de Lorca, su obra es tan inmensa y rica que no deberían
importarnos las causas de su muerte. Debería ser patrimonio de toda
España y no una bandera política. Él lo hubiese querido así.