En el prólogo de “Rebelión en la granja”, George Orwell escribía una frase digna de ser cincelada en el mármol: “si la libertad significa algo será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Cuando la leí por primera vez, pensé que tal frase podría ser un magnífico lema vital; y, siempre consideré siguiendo a Orwell que la misión de todo el que escribe no es halagar a nadie, sino desnudarse y más bien aguijonear al lector, incomodarlo, llegando incluso a molestar por escribir sobre cuestiones espinosas o sobre asuntos controvertidos. Hoy ya sé que esto es una empresa inútil y quimérica; y que, como todas las empresas inútiles y quiméricas, solo engendra a la postre melancolía. Esta melancolía se eleva exponencialmente cuando esa libertad, es manifestada en la redes sociales, pues al descubrir las ideas uno se convierte en blanco de los demás. Este sitio no desea molestar a nadie, pero, el autor, está libre de cortapisas al exponer su opinión.

domingo, 18 de junio de 2023

"Venceréis, pero no convenceréis"

 


El 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la
Universidad de Salamanca, se celebró el día de la raza. El auditorio estaba repleto. Está presente Carmen Polo, esposa de Franco, las principales autoridades del franquismo y altos mandos militares y eclesiásticos.
Miguel de Unamuno, rector de la universidad, decide no ser orador.
Durante las sucesivas intervenciones, se cargó contra los vascos, los catalanes y contra todo aquel contrario al régimen. Se dice que el militar español José Millán-Astray, llegó a gritar: “muera la inteligencia, viva la muerte”.
Esto hizo que Unamuno cambiara de parecer y le decidió a participar de la oratoria. Entre otras cosas dijo:
Sé que estáis esperando mis palabras, porque me conocéis bien y sabéis que no soy capaz de permanecer en silencio ante lo que se está diciendo. Callar, a veces, significa asentir. No quería hablar, porque me conozco. Pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo.
Vencer es convencer. Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia.
Se ha hablado de catalanes y vascos, llamándoles la antiespaña. Y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española que no sabéis.
Acabo de oír el grito de ¡viva la muerte! Esto suena lo mismo que ¡muera la vida!
Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado.
Venceréis, pero no convenceréis.
Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para eso, necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho.

Tras las palabras de Unamuno, la tensión era insoportable en el recinto debiendo salir escoltado, para evitar ser linchado por los falangistas.
Días después de lo acontecido en la Universidad, un decreto firmado por Franco le destituyó como rector y se le impuso arresto domiciliario.
"Si me han de asesinar como a otros, será aquí en mi casa", escribió Unamuno.
El 31 de diciembre del mismo año, aún arrestado, murió de forma repentina. Treinta años antes, don Miguel, había vivido su muerte y la dejó por escrito en un poema tituladoEs de noche, en mi estudio”:  
https://lacocinaquenosgusta.blogspot.com/2023/06/es-de-noche-en-mi-estudio.html


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