En el prólogo de “Rebelión en la granja”, George Orwell escribía una frase digna de ser cincelada en el mármol: “si la libertad significa algo será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Cuando la leí por primera vez, pensé que tal frase podría ser un magnífico lema vital; y, siempre consideré siguiendo a Orwell que la misión de todo el que escribe no es halagar a nadie, sino desnudarse y más bien aguijonear al lector, incomodarlo, llegando incluso a molestar por escribir sobre cuestiones espinosas o sobre asuntos controvertidos. Hoy ya sé que esto es una empresa inútil y quimérica; y que, como todas las empresas inútiles y quiméricas, solo engendra a la postre melancolía. Esta melancolía se eleva exponencialmente cuando esa libertad, es manifestada en la redes sociales, pues al descubrir las ideas uno se convierte en blanco de los demás. Este sitio no desea molestar a nadie, pero, el autor, está libre de cortapisas al exponer su opinión.

jueves, 14 de mayo de 2026

Lenguaje políticamente correcto

  


George Orwell, en su novela "1984" nos mostraba un mundo distópico en el que una de las armas de control era el habla, el neolenguaje.La neolengua seria el idioma oficial ficticio creado por el régimen del Partido con el propósito de eliminar la capacidad de pensar de forma crítica.

Podríamos pensar que "la neolengua" es simplemente un término inventado en una novela de ciencia ficción, pero no, el lenguaje políticamente correcto es la muestra clara de en él en el mundo real.

Un ejemplo, en Brasil se generó bastante polémica cuando el presidente Lula Da Silva propuso, durante su primer mandato, una lista de «palabras prohibidas» en política.

El objetivo de crear tal lengua era sustituir a la vieja, (lo que sería el inglés actual), para así dominar el razonamiento y hacer inviables otras formas de pensamiento contrarias, lo que en el libro se conoce como "crimen del pensamiento", "crimental" o "ideadelito / ideacrimen".

Por ejemplo, para evitar que la población desee o piense en la libertad, se eliminan los significados no deseados de la palabra, de forma que el propio concepto de libertad política o intelectual deje de existir en las mentes de los hablantes.

De hecho en la novela se crea la policía del pensamiento, encargada de vigilar en todo momento lo que se hace o se dice mediante micrófonos cámaras o delaciones de otros ciudadanos.

Hoy, la excusa de luchar contra la desinformación y proteger a los jóvenes, está favoreciendo la vigilancia en las redes. La excusa de luchar contra la inseguridad está favoreciendo la implantación de cámaras repartidas por la ciudad. ¿Veis paralelismos? También hay paradojas, puede darse lo contrario de lo que el fin busca, o, mejor dicho, lo que se dice que el fin aspira.

También, en ese nuevo mundo de Orwell existe el “El Ministerio de la Verdad”. Dedicado a manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo, para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial, mantenida por el Estado. ¿Suena a la Ley de Memoria Histórica?

Otro gran invento de la novela y de la Neolengua es "El Ministerio de la Paz". Se encarga de asuntos relacionados con la guerra y se que esfuerza para lograr que el conflicto sea permanente. Si hay guerra, el país está en paz consigo mismo; o bien, se crea un conflicto para tapar otro. (Hay menos revueltas sociales cuando el odio y el miedo, de alguna manera, se pueden enfocar).

Orwell sabía por los regímenes totalitarios de su época (Hitler, Mussolini, Stalin), que el miedo era la mejor herramienta de control social.

En la actualidad se ha jugado y se sigue jugando con el miedo. Su efecto en la población se demostró con el experimento social de la "pandemia", después hemos tenido el amago frustrado del hantavirus, seguimos con la amenaza del clima cambiatico o la espada de Damocles que, según dicen, supone Rusia, o Trump ..., y falta que venga el ébola, que, desde hace años, sigue rondando...

"1984" no nos habla del pasado; no parece estar lejos.

 

Escribe Horacio Minotti, en el diario Clarín: “… El Diccionario que Lula definió qué vocablos usar pretende combatir palabras como "comunista", "ladrón" o "payaso", por "peyorativas", a iniciativa del secretario de Derechos Humanos.

El manual de estilo titulado Políticamente Correcto en Derechos Humanos fue provisionalmente retirado de circulación y su futuro dependerá de la evaluación de una comisión, que puede determinar su suspensión definitiva. Pero el intento se hizo y despertó la polémica en Brasil, donde se acusó a su presidente de autoritario.

La cartilla oficial fue distribuida recientmente entre legisladores y políticos, enumera 96 vocablos, dichos y chistes de uso común en Brasil y que, según el gobierno, tienen que ser evitados debido a que ¿pueden discriminar personas o grupos sociales, como mujeres, homosexuales y negros?.
El intento del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de dictar normas para el lenguaje, a pesar de la justificación “políticamente correcta”, tuvo una pésima recepción entre intelectuales, escritores y periodistas, algunos de los cuales encontraron un “delirio autoritario” en la iniciativa.

¿Será que estamos entrando en una era de totalitarismo en la que el gobierno da el primer paso para instituir un nuevo lenguaje y dictar normas sobre las palabras que debemos usar?, se pregunta el escritor Joao Ubaldo Ribeiro, líder de la cruzada antimanual.

¿Será que van a crear una policía para el lenguaje? ¿Seremos prohibidos los brasileños de discutir y de insultar a los interlocutores?, agrega Ribeiro, irónico. Pero el escritor recibió además el apoyo de toda la Academia Brasileña de las Letras. La iniciativa fue del secretario de Derechos Humanos, Nilmario Miranda.

Entre las expresiones que el gobierno no considera recomendables figura “comunista”, que supuestamente adquirió una connotación negativa debido a que “contra ellos se inventaron calumnias e insultos para justificar campañas de persecución”.

El gobierno también recomienda que no se utilice la palabra “payaso” como insulto, debido a que discrimina al profesional que vive de hacer reír a las personas. “Ladrón” también sería políticamente incorrecta, porque se aplicaría a los pobres, ya que a los ricos se les diría “corruptos”.

Como puede verse, el disparate y el autoritarismo no tienen ningún tipo de límites geográficos ni intelectuales.”


En la obra de Orwel, nadie podrá tener deseos, y menos carnales o emocionales, porque El Gran Hermano no solo te vigila, sino que se muestra implacable para que nadie pueda sublevarse, para que no se puedan tener sueños.

Me pregunto, ¿se puede controlar el pensamiento? En el capítulo del Quijote de la Ínsula Barataria hay un episodio en el que detienen a un joven que intentaba huir de la justicia. Al ser interrogado y amenazado con pasar la noche en la cárcel (donde se le "obligaría" a dormir), el joven responde con gran agudeza desafiando la autoridad de Sancho que podrán encerrarlo y ponerle grilletes toda la noche, pero no obligarlo a dormir, que eso es voluntad propia y libre. Pues algo parecido ocurriría aquí. Y, sin embargo, sí parecen tener ese control con la tortura y, además, aquí no hay árboles para abrazarse a ellos y sentirse mejor.

Habría que plantearse la vigencia de la obra, el contenido de terror que conlleva, la manipulación de la información, las restricciones de libertad, la represión social y política, en un fanatismo obcecado y manipulado por los que ostentan el poder, como la imposición de un determinado lenguaje, que si bien parece lo más tibio, no cabe duda que es el comienzo, una exigencia programática.



Sobre 1984:

https://lacocinaquenosgusta.blogspot.com/2023/01/el-ojo-del-gran-hermano.html

 

sábado, 18 de abril de 2026

El conejillo blanco de ojos rojos

 

Teo y su amigo Marco con el conejillo de los pelos blancos y los ojos rojos

 

Vivía en una huerta con su madre y sus hermanos que también eran blancos como él y todos con los ojos rojos. Les gustaban mucho la hierba fresca que Teo y su abuelo le echaban cuando iban a verlos.

También le gustaba mucho correr y saltar.

Una vez que Teo y su abuelo tardaron en ir a verlos, el conejillo pensó; me voy a ir a correr un rato por la huerta y así comer algo bueno que me suenan las tripas de hambre.

- Lo que más me gusta son las acelgas que Teo y Marco me dieron el otro día. Voy a ir a ver si las encuentro.

Saltó por encima de la puerta de su madriguera y comenzó a correr y a correr por toda la huerta. Vio un pequeño agujero en una tapia y se coló por él y entró en el huerto de al lado.

Éste debe ser un huerto muy rico porque está muy bien cercado —dijo el conejito.

Y una vez dentro, se sintió feliz de ver la hierba tal alta que allí había.

¡Aquí tengo yo para una buena comida! ¡Menudo atracón me voy a dar!

Se puso a comer y no se cansaba de comer en las lombardas moradas, en las habas tiernas, en las coles gordas y sobre todo en las acelgas con sus hojas oscuras y brillantes. Estuvo comiendo mucho rato y se tumbó al sol sobre un montón de paja. Cuando despertó era ya tarde y, el conejo de los ojo rojos y el pelo blanco, se dijo:

Tengo que irme a casa. Mi madre estará preocupada por mi tardanza.

Había comido tanto que las tres veces que intentó salir por el pequeño agujero no lo consiguió: ni en la primera, ni a la segunda, ni en la tercera vez.

¡Ay, madre mía! -gritó-. No puedo salir. Este agujero es demasiado pequeño. Me he pasado el día comiendo y ahora estoy demasiado gordo.

- ¡Ay, que no puedo salir! ¡Ay, madre mía, que alguien me ayude!

En esto se abrió la puerta del huerto y con el dueño llegaron tres perros que vieron al conejillo de los pelos blancos y los ojos rojos.

¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! -dijo uno—. Vamos a gastarle una broma al conejo de los ojos rojos y el pelo blanco. ¡Guau!, que en su idioma es como decir, ¡Vamos! -dijeron los otros dos.

Y los tres perros echaron a correr derechos al conejito.

¡Socorro! ¡Los perros de vecino y vienen a por mí! -dijo asustado—. ¡Con lo poco que a mí me gustan los perros!

Tengo que salir de aquí. ¡Ay, madre mía!

El conejito corrió y corrió alrededor del muro hasta que encontró un agujero un poco más grande.

Por aquí me escapo —se dijo—. Y se metió por el agujero.

- Ya estoy fuera del huerto y lejos de los colmillos de los perros. La tripa me pesa mucho, pero gracias a mi buena vista y a mis mejores patas me he puesto a salvo.

Efectivamente, los perros no pudieron salir. El agujero que era grande para el conejillo de los ojos rojos y el pelo blanco, era un agujero pequeño para los perros, que eran tres galgos de patas largas y hocico afilado.

Entró en su huerto, saltó de nuevo la puerta de su madriguera, pero ahora para dentro y su madre que, preocupada, lo estaba esperando lo cogió en sus brazos y se lo comía a besos, pero también lo reñía diciendo:

Eres un conejo un poco loco. Me vas a matar a sustos. ¿Qué has hecho por ahí todo el día?

Y el conejito, avergonzado, se rascó la barriga sin decir nada y la madre se dio cuenta que, del atracón que se había dado, le sonaba como un tambor y sus hermanos que también salieron a recibirlo se echaron a reír durante un buen rato.

 

El conejillo blanco de ojos rojos con su madre y hermanos

 

 ***

Nota del autor: Esta historia es real como la vida misma. El abuelo de Teo comparte parcela en la zona conocida como Cañaveral, muy cerca de otras huertas tan famosas como La del Carmen, la de San Vicente o la del Tamarit. Allí acude Teo con su abuelo de vez en cuando para alimentar a su conejito preferido, un conejo que por ahora no tiene nombre, pero que todo se andará con el tiempo. De la escapada de conejillo blanco sabemos por las crónicas de la huerta, aunque pudiera ser apócrifa ya que el gorrión que la relató es un poquito burlón.

Este relato se ha preparado para ser parte de la conmemoración del "Día de la letras" en el colegio Cristo de la Yedra y para rendir homenaje al Quijote y a su autor don Miguel de Cervantes.

Entre todos hablamos de las palabras bonitas, de dos amigos que un día decidieron salir por los caminos de la La Mancha para ayudar a la gente, y del conejillo blanco que vive con su familia en la Huerta del Cañaveral, al que Teo visita de vez en cuando, para darle de comer la hierba fresca de la vega. La moraleja (que como apuntó Teo, hay que obedecer a las madres para que no se preocupen) la pusimos entre todos y la clase quedó tan contenta que, al final, el abuelo recibió como regalo la flor más bonita de Granada y el abrazo al alimón de todos los alumnos.




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martes, 10 de marzo de 2026

Bajo el rosal

"La pluma es la lengua del alma" (Quijote II; 16)

 

Relatos vividos en un cosmos de creatividad para disfrute de los lectores. Relatos que rezuman optimismo haciéndonos dueños de nuestras vidas, transportándonos a la profundidad y pulcritud de la memoria. Aparece también la melancolía, atenuada sin duda por el bullir del rosal (metáfora de la vida a la que tanto apego le pone el ser humano), como un susurro, entre espinas y rosas por el que el hombre, sin remedio, se desliza.

Encontramos una fina amalgama de relatos testimoniales y fantásticos, entre los que sobresalen: el del joven, idealista y vago, jugador de cartas, tan habitual en la España rural de la posguerra, al que la madre, consciente de la condición del hijo, protege hasta después de la muerte.

La visita del gobernador a un pueblo perdido de nuestra geografía. Una parodia de aquellos años grises de los cincuenta, con un paralelismo mucho menos glorioso, a una vivencia de mi propia infancia; visita de la que un maestro rural dejó una profunda crítica en la prensa, que leída hoy, me lleva a pensar que nadie en su día quiso o supo interpretarla.

Un atroz desenlace en “Dos hermanas”, con un reflejo de la vida, del paso del tiempo, lleno de abandono y melancolía.

Leyendo “Impresiones de un viaje”, me reafirmo en mi preferencia por los fiordos noruegos a pesar de la diferencia tan grande de culturas; el ajetreo del El Cairo y sus calles, distribuidas al azar y pintadas sin orden en vivos colores, me llevan a esas otras historias que Marco Polo relata, en Las ciudades invisibles, al Kublai Kan sobre sus desconocidos y enormes dominios, ciudades que, tanto allí como aquí, parecen describir el carácter de sus habitantes; relación que creo confirmada con la gitanilla intemporal del “Domus Aurea”, imagen de una cultura recreada por un excepcional fabulador; real aquí, como una inversión de Las ciudades.

Pero la parodia no cesa y así conocemos la del gallo cobarde versus el macho prudente, que como casi todas está enmarcada en el medio rural.

Como Blasito, todos hemos sufrido la inocencia de vivir en pecado en un tiempo en el no podíamos pecar. La culpa nos invadió en nuestra infancia como una herencia a la que nadie podía renunciar y que, al crecer, esa misma culpa nos apartó, por su errada estrategia, de aquellos que nos culparon. Y sumamos melancolía con la imagen de “El llavero”, un reconocimiento a la inevitable pérdida de facultades a la que todos estamos destinados a llegar.

Y no falta tampoco algo de parenética, en “Ruido de cristales”, Teodoro, nos hace ver que pocos damos importancia a un hecho bueno, que gestos como el de Rubén y Antonio, cuando chocaron sus manos, nos pasan desapercibidos o no son significativos, a pesar y sabiendo que los hechos buenos suman, que cuentan aunque se les ignoren.

Y de repente, sin avisar, un viaje en el tiempo. No es necesaria la “máquina” que retuerce la ecuación del espacio-tiempo, basta con un misterioso túnel y al final una fuerte luz, un resplandor que nos atrae y nos lleva al paraíso donde nada falta, a Jauja: una ilusión que irremediablemente nos precipita en el vacío, en la plenitud de esos sueños que son tan reales como la vigilia, porque, que duda cabe, los sueños forman parte de la vida.

Hay más, tan significativos como los que se acaban de tratar; en vuestra mano está el poder descubrirlos. Que yo me voy “bajo el rosal”, donde me esperan nuevas aventuras con las que soñar.

lunes, 19 de enero de 2026

Cuando Cervantes habla de sí mismo en la novela

 


En la lectura del Quijote se pueden identificar referencias puntuales que Cervantes hace de sí mismo. Dos de ellas son explícitas, donde su nombre aparece directamente en el mundo quijotesco; la tercera es más sutil: no lo menciona, pero su presencia se deja sentir para quien conoce su biografía.

La primera aparece en el  Capítulo VI (1605). Es en el escrutinio que el cura y el barbero hicieron de la biblioteca de Cervantes. El barbero, librando La Galatea de la quema, dice:

-La "Galatea" de Miguel de Cervantes, -dijo el barbero-. 

-Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.

 -Que me place, -respondió el barbero-

La segunda se halla en el  Capítulo XL (1605). Ocurre en el episodio del Capitán cautivo al aludir, en su historia, a un soldado español llamado Saavedra:

Sólo libró bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.

La tercera se encuentra en el  Capítulo XLVII (1605), cuando el ventero entrega al cura unos papeles hallados en una maleta en la que, además, están las novelas de El curioso impertinente y Rinconete y Cortadillo:


El ventero se llegó al cura y le dio unos papeles, diciéndole que los había hallado en un aforro de la maleta donde se halló la
Novela del curioso impertinente, y que, pues su dueño no había vuelto más por allí, que se los llevase todos; que, pues él no sabía leer, no los quería. El cura se lo agradeció, y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: "Novela de Rinconete y Cortadillo", por donde entendió ser alguna novela y coligió que, pues la del "Curioso impertinente" había sido buena, que también lo sería aquélla, pues podría ser fuesen todas de un mesmo autor; y así, la guardó, con prosupuesto de leerla cuando tuviese comodidad.

No se menciona nombre, pero es difícil no pensar en Cervantes. Aquel escritor que viajó de Esquivias a Sevilla en busca de un empleo público al servicio de la Real Hacienda, como comisario real de la Armada Invencible, también fue un hombre de caminos, papeles, maletas y escritos dispersos.  

Me gusta pensar que Cervantes quiso dejar ahí un guiño íntimo a su propia travesía por España en 1587: un escritor errante, cargando manuscritos y esperanzas, escondido dentro de su propia novela.





miércoles, 14 de enero de 2026

¿Quién era Avellaneda según Cervantes?

La imagen es un dibujo de Ginés de Pasamonte o Ginesillo de Parapilla, como llama Cervantes a uno de los galeotes liberados (I, 22), quien después sería maese Pedro, en la aventura del mono adivino y el retablo de don Gaiferos y Melisendra. La crítica, mayoritariamente, piensa que este personaje está inspirado en Gerónimo de Pasmonte.
 

En anterior entrada de este blog “Dialéctica entre Quijotes” se destacaron algunas teorías con las que la crítica se posiciona sobre la autoría del Avellaneda: Antonio Márquez, habla de un grupo de personas, cercana a la Inquisición, dirigidas por Lope de Vega; Martín de Riquer que sugiere que detrás del apócrifo está Gerónimo de Pasamonte. En una de mis lecturas del libro infinito, me he detenido en uno de sus párrafos y me he preguntado por lo que Cervantes pensaba al respecto y sólo en Qujote de 1615 podemos leer pistas que a continuación enuncio.

Los prólogos son lo primero que se suele leer de una novela, pero todos sabemos que nos da norte de lo que nos vamos a encontrar y que es lo último que se escribe. Cervantes denunció en el prólogo del Ingenioso Caballero que Avellaneda había “fingido su patria”:

(…) y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad. (Quijote, Prólogo, 575)

Indicó clara y repetidamente por cuatro veces en el cuerpo de su novela que era aragonés: en el capítulo 59, don Quijote hojea la obra de Avellaneda recién publicada y dice de ella que su “lenguaje es aragonés”:

-En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos (II, 59: 1032);

En el mismo capítulo el narrador dice que don Jerónimo y don Juan “verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés”:

Con esto se despidieron, y don Quijote y Sancho se retiraron a su aposento, dejando a don Juan y a don Jerónimo admirados de ver la mezcla que había hecho de su discreción y de su locura; y verdaderamente creyeron que éstos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor aragonés. (II, 59: 1035)

En el capítulo 61, al ser reconocido en Barcelona, don Quijote afirma lo siguiente: “yo apostaré que han leído nuestra historia y aun la del aragonés recién impresa” (II, 61: 1052).

En el capítulo 70 uno de los diablos de la visión de Altisidora se refiere a “la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas”

Dijo un diablo a otro: ''Mirad qué libro es ése''. Y el diablo le respondió: ''Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas''. ''Quitádmele de ahí -respondió el otro diablo-, y metedle en los abismos del infierno: no le vean más mis ojos''. ''¿Tan malo es?'', respondió el otro. ''Tan malo -replicó el primero-, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara''. (II, 70: 1112).

Estas cuatro manifestaciones constituyen una afirmación reiterada a lo largo del texto que no es contradicha por ningún otro aspecto del mismo y evidencian sin lugar a dudas la seguridad de Cervantes sobre el origen aragonés del autor del Avellaneda. Por ello, quienes propongan un candidato no aragonés a la autoría de la obra apócrifa podrán aducir que Cervantes estaba equivocado, pero no podrán ignorar el convencimiento cervantino de que Avellaneda era aragonés.

¿Y a qué aragonés se refiere Cervantes? Pues sin lugar a duda al ya mencionado Gerónimo de Pasamonte, un compañero de armas de Cervantes que estuvo con él en Lepanto y también fue cautivo en Argel, con quien fraguó una virulenta enemistad personal. Pasamonte, además, era un ultra contra-reformista, así como un profundo admirador de Lope, lo que en nada contradice las principales teorías sobre quien escribió el Avellaneda, que resumiendo podríamos concluir que salió del entorno de la Inquisicición, que fueron varios los autores, entre los que estaba Pasamonte y que seguramente fueron supervisados por Lope, a la sazón, familiar de la Santa Inquisición.



lunes, 29 de diciembre de 2025

Un viaje de amargura y anhelo

 
En el poema "Vencidos" León Felipe se identifica con don Quijote y evoca su figura simbolizando la derrota y el desamparo. El poeta se reconoce en el caballero, cargado de amargura, y anhela unirse a él en su viaje. A través de sencillez y repetición, se expresa la esperanza en medio de la desilusión.


Vencidos...

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar...

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,

y va ocioso el caballero sin peto y sin espaldar… (5)

va cargado de amargura...

que allá encontró sepultura

su amoroso batallar...

Va cargado de amargura...

que allá “quedó su ventura” (10)

en playa de Barcino, frente al mar...

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar...

va cargado de amargura… (15)

va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura

en horas de desaliento así te miro pasar...

y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar; (20)

hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,

hazme un sitio en tu montura,

que yo también voy cargado

de amargura (25)

y no puedo batallar.

Ponme a la grupa contigo,

caballero del honor,

ponme a la grupa contigo

y llévame a ser contigo (30)

pastor...

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar...

 
León Felipe: Versos y oraciones del caminante.
Libro Primero, V. Madrid,

El poema “Vencidos”, al que Joan Manuel Serrat puso música e incluyó como cierre de su LP “Mediterráneo”, no puede ser considerado, como algunos lo han hecho, una alegoría de la derrota, el desamparo, el desasosiego y la amargura que supone el exilio tras la Guerra Civil, precisamente porque se publica en 1920; si bien el deslizamiento de la significación de sus versos, a la vista de los acontecimientos históricos posteriores, le confiere un profundo sentido, tanto más cuanto que el poeta León Felipe, en lucha continua contra las adversidades de la vida, se identifica con ese “caballero del honor” (verso 21: “hazme un sitio en tu montura”) que simboliza el hidalgo manchego. Es muy posible que esta composición tuviera sus antecedentes en poemas escritos durante su permanencia en la cárcel de Santander, en donde una lectura reposada de El Quijote caló muy hondo en su personalidad. El “amoroso batallar” (verso 8) de Don Quijote “encontró sepultura” (verso 7), en efecto, “en la playa de Barcino (Barcelona), frente al mar” (versículo 11), en donde es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna -que no es otro que el bachiller Sansón Carrasco-. Este afirma que su dama es más hermosa que Dulcinea del Toboso, arrogancia que Don Quijote no puede tolerar, por lo que acepta batirse con él en combate, “ya que no ha habido ni puede haber belleza que con la suya comparar se pueda”. Una vez vencido, Don Quijote ha de aceptar las condiciones del desafío en el caso de que él fuera el derrotado: dejar la andante caballería y volver a su lugar de origen para vivir en paz, incluso morir como dijo el héroe cuando vio acercarse la lanza del socarrón Carrasco a su celada y como un susurro conminarle a confesar que su señora es más bella que Dulcinea: “Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra”. Cervantes relata este episodio, de tanta trascendencia para el desenlace de su obra, en el capítulo LXIV de la Segunda Parte de El Quijote. La referencia de los versos 10-11 del poema de León Felipe (que allá “quedó su ventura” / en la playa de Barcino, frente al mar...) remite al comienzo del capítulo LXVI de la Segunda Parte de El Quijote, cuando se despide el caballero de Barcelona y mira al lugar donde había caído y dice: “¡Aquí fue Troya, aquí mi desdicha y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse!”

Una nueva referencia a la obra cervantina contienen los versos 30-31, cuando León Felipe afirma: “y llévame a ser contigo / pastor...”. La decisión de Don Quijote de hacerse pastor la relata Cervantes al final del capítulo LXVII de la Segunda Parte de El Quijote. Al no poder seguir imitando el modelo de vida de los héroes de la novela caballeresca, el hidalgo manchego opta por convertirse en uno de esos idealizados pastores que consagró literariamente la novela pastoril renacentista.

Un sentimiento de soledad y derrota -consecuencia de sus múltiples vicisitudes en la vida- le lleva a León Felipe a identificarse con ese otro gran derrotado que no conocía el desaliento hasta que el Caballero de la Blanca Luna dio al traste con sus nobles ideales; y de ahí el título del poema: “Vencidos”; un título en el que se resume la amargura de quienes han sido derrotados en sus más elevados anhelos vitales. Con todo, el poema de León Felipe, como la obra cervantina, deja vislumbrar la esperanza: el poeta, aun cargado de amargura y sin poder batallar -como tampoco puede proseguir con su “amoroso batallar” el indiscutible “caballero del honor”-, en sus más bajas horas de desaliento le pide a don Quijote un sitio en su montura, para seguir adelante: “ponme a la grupa contigo / y llévame a ser contigo / pastor…” (versos 29-31), quizás recordando aquella frase llena de esperanza (Quijote II, 3; 600), de don Quijote: “Aún hay sol en las bardas”, que Martín de Riquer interpreta como, “Aún tenemos tiempo par hacer algo”, a la León Felipe se sumaría recordado la máxima aurisecular, “Por mí que no quede”.

Todo el poema es ejemplo de sencillez: sencillez léxica -con vocablos usuales que logran crear un cierto clima de “confidencialidad” en la expresión; sencillez sintáctica -sin apenas engarces subordinativos que dificulten la pausada y sostenida andadura de los versos-; sencillez métrica -con predominio de versos fundamentalmente octosílabos y rima consonante que no responde a esquemas preestablecidos, agrupados en caprichosas combinaciones estróficas-; y, por fin, sencillez estilística -que ha rehuido los retóricos procedimientos literarios en busca de una expresión austera y desnuda. Y no es ajena a esta simplicidad de recursos el ritmo derivado de las continuas repeticiones -muchas de ellas construcciones anafóricas de gran relevancia expresiva- que le confieren al poema una profunda trabazón interna: por tres veces se repiten, en diferentes partes del poema y a modo de estribillo, tres versos octosílabos, con rima (aab): “Por la manchega llanura / se vuelve a ver la figura / de don Quijote pasar...” (versos 1-3, 12-14 y 32-34); y el verso, referido a don Quijote, “va cargado de amargura”, también se repite tres veces (6, 9, 15), y reaparece con gran intensidad cuando el poeta aplica su contenido a su propia persona: “que yo también voy cargado / de amargura” (versos 24-25). Otras repeticiones siguen marcando el lento avance del poema que, por momentos, desborda emotividad: “Hazme un sitio en tu montura” (segundo octosílabo de los dos que componen el verso 19, que es hexadecasílabo; y versos 21 y 23); “ponme a la grupa contigo (versos 27 y 29); hasta concluir con la repetición de la estrofa inicial que remite al título Vencidos: “Por la manchega llanura / se vuelve a ver la figura / de don Quijote pasar”; un don Quijote “vencido” (verso 14), un “caballero derrotado” (verso 22); pero, a fin de cuentas, un “caballero del honor” (verso 28) en quien el poeta cifra todas sus “esperanzas de salvación” en los momentos difíciles.