En el prólogo de “Rebelión en la granja”, George Orwell escribía una frase digna de ser cincelada en el mármol: “si la libertad significa algo será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Cuando la leí por primera vez, pensé que tal frase podría ser un magnífico lema vital; y, siempre consideré siguiendo a Orwell que la misión de todo el que escribe no es halagar a nadie, sino desnudarse y más bien aguijonear al lector, incomodarlo, llegando incluso a molestar por escribir sobre cuestiones espinosas o sobre asuntos controvertidos. Hoy ya sé que esto es una empresa inútil y quimérica; y que, como todas las empresas inútiles y quiméricas, solo engendra a la postre melancolía. Esta melancolía se eleva exponencialmente cuando esa libertad, es manifestada en la redes sociales, pues al descubrir las ideas uno se convierte en blanco de los demás.

jueves, 14 de mayo de 2026

Lenguaje políticamente correcto

  


George Orwell, en su novela "1984" nos mostraba un mundo distópico en el que una de las armas de control era el habla, el neolenguaje.La neolengua seria el idioma oficial ficticio creado por el régimen del Partido con el propósito de eliminar la capacidad de pensar de forma crítica.

Podríamos pensar que "la neolengua" es simplemente un término inventado en una novela de ciencia ficción, pero no, el lenguaje políticamente correcto es la muestra clara de en él en el mundo real.

Un ejemplo, en Brasil se generó bastante polémica cuando el presidente Lula Da Silva propuso, durante su primer mandato, una lista de «palabras prohibidas» en política.

El objetivo de crear tal lengua era sustituir a la vieja, (lo que sería el inglés actual), para así dominar el razonamiento y hacer inviables otras formas de pensamiento contrarias, lo que en el libro se conoce como "crimen del pensamiento", "crimental" o "ideadelito / ideacrimen".

Por ejemplo, para evitar que la población desee o piense en la libertad, se eliminan los significados no deseados de la palabra, de forma que el propio concepto de libertad política o intelectual deje de existir en las mentes de los hablantes.

De hecho en la novela se crea la policía del pensamiento, encargada de vigilar en todo momento lo que se hace o se dice mediante micrófonos cámaras o delaciones de otros ciudadanos.

Hoy, la excusa de luchar contra la desinformación y proteger a los jóvenes, está favoreciendo la vigilancia en las redes. La excusa de luchar contra la inseguridad está favoreciendo la implantación de cámaras repartidas por la ciudad. ¿Veis paralelismos? También hay paradojas, puede darse lo contrario de lo que el fin busca, o, mejor dicho, lo que se dice que el fin aspira.

También, en ese nuevo mundo de Orwell existe el “El Ministerio de la Verdad”. Dedicado a manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo, para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial, mantenida por el Estado. ¿Suena a la Ley de Memoria Histórica?

Otro gran invento de la novela y de la Neolengua es "El Ministerio de la Paz". Se encarga de asuntos relacionados con la guerra y se que esfuerza para lograr que el conflicto sea permanente. Si hay guerra, el país está en paz consigo mismo; o bien, se crea un conflicto para tapar otro. (Hay menos revueltas sociales cuando el odio y el miedo, de alguna manera, se pueden enfocar).

Orwell sabía por los regímenes totalitarios de su época (Hitler, Mussolini, Stalin), que el miedo era la mejor herramienta de control social.

En la actualidad se ha jugado y se sigue jugando con el miedo. Su efecto en la población se demostró con el experimento social de la "pandemia", después hemos tenido el amago frustrado del hantavirus, seguimos con la amenaza del clima cambiatico o la espada de Damocles que, según dicen, supone Rusia, o Trump ..., y falta que venga el ébola, que, desde hace años, sigue rondando...

"1984" no nos habla del pasado; no parece estar lejos.

 

Escribe Horacio Minotti, en el diario Clarín: “… El Diccionario que Lula definió qué vocablos usar pretende combatir palabras como "comunista", "ladrón" o "payaso", por "peyorativas", a iniciativa del secretario de Derechos Humanos.

El manual de estilo titulado Políticamente Correcto en Derechos Humanos fue provisionalmente retirado de circulación y su futuro dependerá de la evaluación de una comisión, que puede determinar su suspensión definitiva. Pero el intento se hizo y despertó la polémica en Brasil, donde se acusó a su presidente de autoritario.

La cartilla oficial fue distribuida recientmente entre legisladores y políticos, enumera 96 vocablos, dichos y chistes de uso común en Brasil y que, según el gobierno, tienen que ser evitados debido a que ¿pueden discriminar personas o grupos sociales, como mujeres, homosexuales y negros?.
El intento del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de dictar normas para el lenguaje, a pesar de la justificación “políticamente correcta”, tuvo una pésima recepción entre intelectuales, escritores y periodistas, algunos de los cuales encontraron un “delirio autoritario” en la iniciativa.

¿Será que estamos entrando en una era de totalitarismo en la que el gobierno da el primer paso para instituir un nuevo lenguaje y dictar normas sobre las palabras que debemos usar?, se pregunta el escritor Joao Ubaldo Ribeiro, líder de la cruzada antimanual.

¿Será que van a crear una policía para el lenguaje? ¿Seremos prohibidos los brasileños de discutir y de insultar a los interlocutores?, agrega Ribeiro, irónico. Pero el escritor recibió además el apoyo de toda la Academia Brasileña de las Letras. La iniciativa fue del secretario de Derechos Humanos, Nilmario Miranda.

Entre las expresiones que el gobierno no considera recomendables figura “comunista”, que supuestamente adquirió una connotación negativa debido a que “contra ellos se inventaron calumnias e insultos para justificar campañas de persecución”.

El gobierno también recomienda que no se utilice la palabra “payaso” como insulto, debido a que discrimina al profesional que vive de hacer reír a las personas. “Ladrón” también sería políticamente incorrecta, porque se aplicaría a los pobres, ya que a los ricos se les diría “corruptos”.

Como puede verse, el disparate y el autoritarismo no tienen ningún tipo de límites geográficos ni intelectuales.”


En la obra de Orwel, nadie podrá tener deseos, y menos carnales o emocionales, porque El Gran Hermano no solo te vigila, sino que se muestra implacable para que nadie pueda sublevarse, para que no se puedan tener sueños.

Me pregunto, ¿se puede controlar el pensamiento? En el capítulo del Quijote de la Ínsula Barataria hay un episodio en el que detienen a un joven que intentaba huir de la justicia. Al ser interrogado y amenazado con pasar la noche en la cárcel (donde se le "obligaría" a dormir), el joven responde con gran agudeza desafiando la autoridad de Sancho que podrán encerrarlo y ponerle grilletes toda la noche, pero no obligarlo a dormir, que eso es voluntad propia y libre. Pues algo parecido ocurriría aquí. Y, sin embargo, sí parecen tener ese control con la tortura y, además, aquí no hay árboles para abrazarse a ellos y sentirse mejor.

Habría que plantearse la vigencia de la obra, el contenido de terror que conlleva, la manipulación de la información, las restricciones de libertad, la represión social y política, en un fanatismo obcecado y manipulado por los que ostentan el poder, como la imposición de un determinado lenguaje, que si bien parece lo más tibio, no cabe duda que es el comienzo, una exigencia programática.



Sobre 1984:

https://lacocinaquenosgusta.blogspot.com/2023/01/el-ojo-del-gran-hermano.html

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario